El alcance de la participación de la mujer en el mundo de hoy es una realidad que no puede ser negada. Su desempeño ya no está limitado a labores básicas sino a aquellas consideradas como masculinas: desde puestos gerenciales hasta tareas en el área de la construcción donde, para bien de algunos y mal de otros, ha logrado excelentes resultados.
Ahora bien, junto al nacimiento de estos nuevos roles deben sumarse los que ha asumido a través de la historia y los estereotipos de belleza y seducción impuestos por los medios, creando –lógicamente- una sobrecarga tanto física como emocional que resulta agotadora y frustrante para esta generación femenina.
Este malestar, que se presenta en tasas más altas con el paso del tiempo, ya tiene un nombre: el síndrome Ally McBeal, y pertenece a una de las víctimas de este mal, encarnada por Calista Flockhart en la pequeña pantalla.
Ally es una abogada excelente que, además de cumplir con su trabajo, competir con sus "socios" y enfrentar a jueces y jurados, debe verse perfectamente arreglada y feliz cada día, a pesar de que su anhelo de encontrar al compañero perfecto nunca puede ser satisfecho del todo, y por ello se desahoga en un karaoke con sus compañeros en las noches.
Todo esto sin contar que vive sola y, por lo tanto, se las debe arreglar para mantener su casa limpia, la ropa planchada, la comida en la nevera y las cuentas al día. Difícil, ¿no?
Y aunque para muchas mujeres esta sensación de autosuficiencia es atractiva e ideal, no debe llegarse a extremos que, lejos de hacerlas mejorar, las vuelvan víctimas de la emancipación femenina.
Conoce algunas de las características de las supermujeres de hoy:
En lo físico: Siempre quieren lucir atractivas y proyectar una imagen de éxito y poder. Para lograrlo, invierten cierta cantidad de tiempo en su apariencia y están dispuestas a sacrificar sus gustos y placeres para encajar en ese patrón que anhelan.
En lo emocional: A pesar de la autosuficiencia que proyectan, buscan como todas, un compañero "perfecto" y aunque lo más idóneo es un sumiso que siga y apruebe sus pasos – dada la fortaleza de carácter que suelen tener -, tienden a buscar superhombres como compañeros y esto, por lo general, no da muy buenos resultados porque ninguno está dispuesto a seguir al otro.
Otro detalle que no debe olvidarse es el machismo reinante en la sociedad, pues este fenómeno activa en los hombres una sensación de miedo ante la idea de que su pareja sea más exitosa laboralmente que él.
En lo laboral (y dentro de esta categoría se incluye lo doméstico): Además de la lucha por imponer la autoridad y demostrar la eficiencia, muchas veces tienen la responsabilidad de los hijos y el hogar, sobre todo en el caso de las madres solteras o divorciadas que son quienes, por lo general, asumen la manutención de los hijos, mientras que los esposos aspiran a encontrar su cena servida porque "tuvieron un día difícil".
Pero no todo es malo en el mundo de las supermujeres, porque son ellas quienes han cambiado la historia del feminismo con su muestra de capacidad para realizar múltiples labores, han logrado un nivel de igualdad de condiciones en muchos aspectos y, aunque falta un largo camino por recorrer en este sentido, su aportación es muy significativa para sociedades patriarcales donde el rol de la mujer es totalmente pasivo.