sábado, 24 de septiembre de 2005
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Que un grupo o un par de amigos encuentre una bolsa de dinero de origen dudoso, que luego al contacto de la fortuna los personajes cambien, evolucionen a mejor o peor, no es novedad en el cine, es ya todo un género; pero que dos pequeños hermanos, uno de siete y otro de nueve años, dispongan de la suma millonaria para cumplir sus fantasías, es una propuesta inesperada, sobre todo de parte del irreverente Danny Boyle (Tumba al ras de la tierra).

Millonarios (Millions; Gran Bretaña- E.U. 2004) recuerda la trama de El plan (Sam Raimi); sería una lástima desaprovechar esa enorme suma que cayó del cielo; el guionista Frank Cottrell Boyce (Hilary y Jack) ubica al par de hermanitos en una situación desarticulada, han quedado huérfanos de madre, el padre inicia con ellos una nueva vida en otra ciudad de Inglaterra, país que a su vez está a punto de abandonar la libra esterlina por el euro. Hay que gastar cuanto antes esos billetes que perderán su valor pasada la Navidad.

Mientras que Anthony (Lewis McGibbon), el mayor, sólo piensa en comprar juguetes y artículos de moda (como cualquier niño de hoy en día) e invertir en bienes raíces, dando prueba de una precoz vocación de financiero, Damián (Alex Etel), el menor, quiere entregar el dinero a los pobres; pues resulta que este pequeño se habla de tú con los santos, que además se le aparecen cotidianamente.

A Cottrell Boyce la idea le surgió durante una entrevista de Martin Scorsese donde comenta estar leyendo las vidas de los santos. Damián, nombre que evoca al personaje de La profecía, es un erudito en cuestiones de santidad; el espectador (católico) que deduce el nombre del santo en la pantalla, en ascuas cuando aparece un grupo de africanos con un halo sobre la cabeza, se recupera cuando el chico anuncia: “Mártires de Uganda de 1881”.

Sin cursilería ni solemnidad, Danny Boyle mantiene un equilibrio inusitado sobre de la filosa frontera de la ironía, la ternura hacia las fantasías de un niño, huérfano reciente que indaga entre los santos sobre el paradero de su difunta madre dentro del pléroma (sic) celestial, y la posible revelación espiritual.

El contrapunto del hermano, ingenioso y terreno, ancla una parte de Millonarios dentro del género de la comedia inglesa de corte realista. Haciéndola de ángel guardián, el idealista Damián compra pizzas para un grupo filantrópico o regala fajos de billetes a un grupo de mormones para comprar computadoras y aparatos electrónicos; Anthony convierte en guardaespaldas a un grupo de amigos de la escuela, todos de lentes negros en honor a Perros de reserva de Tarantino.

Sea del lado de la realidad o de la fantasía, Boyle logra una atmósfera luminosa, ligera, y divertida a pesar de su coqueteo con La noche del cazador, cuando aparece el villano que quiere recuperar su botín.

Puede sorprender el giro tan radical de un director que se ha adentrado en la negrura del universo de los punks heroinómanos (Trainspotting), o más recientemente, de los zombis (28 Days Later); pero con Millonarios, Danny Boyle reafirma un talento que pocos realizadores poseen cuando se trata de ilustrar las fantasías de sus protagonistas: la de mostrar al inconsciente como un proceso dinámico y creativo utilizando únicamente el material del que dispone el personaje.

De esta manera, a pesar de una precocidad enciclopédica, las visiones de los santos de Damián preservan la ingenuidad de un niño de siete años, descubren sus sentimientos y delatan sus anhelos; el consejo de San Francisco, su santo favorito, de repartir el dinero entre los pobres justifica el verdadero deseo del niño, proyecta el desamparo del huérfano y le otorga derecho a la imaginación.
Publicado por jokimii @ 18:17
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Publicado por Nubeblanca77
sábado, 24 de septiembre de 2005 | 21:16
WOWO, el argumento, aunque bastante gastado, no se oye tan mal. Habrá que ir a verlaFumador
Publicado por Sayuuz
jueves, 17 de noviembre de 2005 | 19:09
Es que los argumentos Nube son casi siempre los mismos, con ciertos giros pero con el mismo fondo, con cambios de personajes y circunstancias pero sin que la esencia de la historia cambie mucho. Y ha sido y seguirá siendo además el gran negocio de hollywood jejeGuiño