El estreno de la Madame Butterfly sangrienta del director español Calixto Bieito dividió al público berlinés de la Komische Oper, que dedicó aplausos cerrados a los cantantes, pero se dividió entre las ovaciones y los abucheos a ese
enfant terrible de la ópera.
Tras la controversia suscitada en Berlín el año pasado por la adaptación de Bieito de la ópera El rapto del Serrallo, de Wolfgang Amadeus Mozart, los responsables de la Komische Oper, una de las tres óperas de Berlín, parecen dispuestos a explotar el filón para llenar el patio de butacas.
El drama japonés de Giacomo Puccini, estrenado en 1904 en el Teatro Scala de Milán, se transforma de la mano de Bieito en una tragedia sobre el turismo sexual y la sociedad del consumo guardando "la esencia de Madame Butterfly", según ha explicado el director.
La ciudad japonesa de Nagasaki es, en su versión, un destino asiático de turismo sexual. Madame Butterfly no es una geisha sino una "jinetera" asiática que sueña con conseguir el pasaporte estadounidense pasando por la vicaría.
Bieito transforma asimismo a Benjamin Franklin Pinkerton en un turista sexual estadounidense. La sirvienta Suzuki es una prostituta; Sharpless, el cónsul de Estados Unidos, un desaprensivo; Goro, el casamentero, el dueño de un burdel; y el tío Bonze tiene los rasgos de Fidel Castro.
El decorado de Alfonso Flores, una isla tropical paradisíaca con decoración
kitsch recordaba al que utilizó el director teatral alemán Frank Castorf en la adaptación que hizo el año pasado de la obra "Dulce pájaro de juventud", de Tennesse Williams, en la Volksbühne de Berlín y en el Teatro Nacional de Cataluña.
Aunque el diario popular Bild Zeitung definió en su momento El rapto del Serrallo como "arte vomitivo pagado con dinero del contribuyente" y uno de los patrocinadores amenazó con retirar las subvenciones, la Komische Oper parece dispuesta a seguir apostando por Bieito.
"El escándalo me aburre", aseguró Bieito, al que en Alemania ya llaman "el director-escándalo", en un coloquio previo al estreno que mantuvo con el público berlinés, en una gran superficie comercial dedicada a la venta de libros y música.
El primer acto de Madame Butterfly muestra "un paraíso artificial en el que se puede comprar sexo con un poco de amor", precisó Bieito, al que no le gusta "la doble hipocresía" de quienes se escandalizan porque sale en una ópera una chica en biquini pero aceptan la prostitución en sus calles.
Aquellos espectadores que el año pasado vieron El rapto del Serrallo y que esperaban encontrar la misma carnaza en Madame Butterfly se sintieron, sin embargo, un poco defraudados.
Aunque en esta adaptación de la ópera de Puccini también hay simulaciones de violaciones, masturbaciones, felaciones y coitos, Bieito parece haberse contenido en la puesta en escena si se compara con la de Mozart, en la que los cantantes se paseaban desnudos por el escenario.
Bieito asegura que su adaptación de Madame Butterfly es "menos agresiva y más femenina" que la que hizo de El rapto del Serrallo.
Prueba de ello es que, en esta ocasión, nadie abandonó escandalizado la obra, como ocurrió el año pasado, sino que las personas que abandonaron el patio de butacas lo hicieron, más bien, por aburrimiento.
Bieito ha cambiado el final de Madame Butterfly. En vez de suicidarse, la 'jinetera' asiática mata a su hija y a su criada, porque el director teatral considera que la ópera de Puccini es "una tragedia y no un melodrama".
La escena final parece más bien sacada de una película "gore", con una Madame Butterfly ensangrentada tras haber asesinado a las únicas personas que quiere con la espada con la que su padre se hizo el harakiri.
"Es peor morir en vida como una desesperada que morir como una heroína en escena", razonó Bieito, quien considera que su Madame Butterfly sangrienta no podría estrenarse en el Liceo de Barcelona porque el público es más conservador que el berlinés.