martes, 27 de septiembre de 2005
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Ana María Stekelman y su agrupación Tangokinesis estrenaron Cotillón en el conocido teatro Maipo de esta ciudad. El resultado: un desastre en tres partes: Garello Tango, Cotillón y Bolero.

Considerada como una de las más importantes coreógrafas latinoamericanas —la favorita de Julio Bocca—, Stekelman parece con este montaje estar maquilando espectáculos sin ton ni son.

Su trabajo bien bailado —sus intérpretes poseen técnica y arrojo—resulta demasiado parecido a todo lo que ha hecho anteriormente. La artista no corre más riesgos y se va a la segura con la misma fórmula que la ha hecho triunfar en múltiples foros del mundo.

La receta:

Tango con valses, tango con boleros, tango con Gershwin, y para esta ocasión tango con danza contemporánea, tango con highligts de la música de ciertos ballets, y por último tango con malambo.

Garello tango es una secuencia de rutinas muy lucidoras con música de Raúl Garello y su Sexteto. Nada más.

Cotillón (en Argentina, objetos para fiestas infantiles) consiste en la ejecución de ciertas variaciones musicales de ballets, como Don Quijote, Coppelia y El Corsario. Estructurado en escenas, este cotillón incluye todos los lugares comunes: baile con globos, pelotas, objetos para el aseo —plumeros y destapacaños— y hasta una escalera. Todo gira alrededor de estas cosas en una especie de pantomima de gran precariedad.

Según las notas del programa firmadas por la propia Stekelman, el suyo es un “trabajo sobre el movimiento y los objetos y está relacionado con el juego y la libertad.” Su supuesto homenaje a “los grandes pas de deux” que siempre le “brindaron gran emoción y alegría” es fallido. No sólo porque su versión queda empañada ante las obras originales, sino porque en un intento de hacer un divertimento cae en el terreno pantanoso de lo cursi involuntario.

Por último, El Bolero es una pieza interesante por su mezcla de tango y malambo, pero no logra el mismo clímax que la partitura de Ravel.

Los problemas del espectáculo no paran ahí. Los errores se acentúan aún más debido al pésimo diseño de vestuario de Jorge Ferrari y Renata Schusheim, anticuado y poco estético.

El diseño de iluminación de Omar Possemato es un fracaso porque más que crear atmósferas y generar ambientes distintos sólo atina a alumbrar de colores el escenario. Esto mismo pasa con el maquillaje, que no funciona para acentuar los gestos o los rasgos de cada bailarín.

Es una lástima. Con tanta madera como la que tiene Stekelman para llevar su danza a los mejores festivales del mundo, abarata su trabajo con propuestas intrascendentes y banales.
Publicado por CarmenVives_24 @ 2:08
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Comentarios
Publicado por Nubeblanca77
martes, 27 de septiembre de 2005 | 20:18
Pienso que un tango, o cualquier otra pieza, si es bien lailao no es lo mismo jeje:] Contimás en un espectáculo profesional donde se paga por ver.Fumador
Publicado por Sayuuz
jueves, 17 de noviembre de 2005 | 22:13
hummm, pues que mal que la Stekelman haga esto, porque no hay duda de que es una profesional y lo ha demostrado con creces, en fin.Fumador