Marcada por dos guerras, Susan Sontag –quién murió en diciembre pasado- se convirtió en un referente obligado para los amantes de la fotografía.
Sin ser fotógrafa de profesión, esta extraordinaria ensayista abrió una enorme ventana de reflexión sobre el arte fotográfico a través de su libro titulado “Sobre la fotografía”. En él, Susan Sontag nos presenta a la fotografía más allá de la simple actividad de capturar la imagen y se cuestiona sobre la ética de aquél que la capta.
Susan Sontag nació en Nueva York en 1933. Cuando hablamos de ella nos referimos a una de las intelectuales más brillantes de Norteamérica. Intentar escribir una reseña sobre su vida es una acción arriesgada, pues estamos ante una mujer polifacética y sumamente comprometida en cada una de sus frases con su entorno social, político y artístico.
En 1963 publicó su primer novela, titulada “El benefactor”, obra que le abriría las puertas a uno de sus estilos favoritos, la novela; aunque incurriría de manera más frecuente en otra, el ensayo. Su notable inteligencia y su enorme lucidez la convirtieron en una de las intelectuales más importantes no sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero.
Esa facilidad para describir la realidad, la llevó a hablar sobre numerosos temas, desde los políticos, como las guerras y decisiones unilaterales de su país, hasta los artísticos como el cine y la fotografía.
En el cine escribió y realizó varias películas, entre las más destacadas se encuentran: “Duelo de caníbales” (1969), “Hermano Carl” (1971) y “Tierra prometida” (1973) en la que filmó a las tropas israelíes durante la guerra de Oriente Próximo.
En el ámbito fotográfico escribió uno de los clásicos de esta expresión artística titulado “Sobre la fotografía”. Obra por la cual recibió el Premio Nacional de la Crítica en su país en 1977. “Sobre la fotografía” presenta una serie de ensayos donde el tema principal versa sobre la ética de aquel que produce la fotografía.
Marcada por la experiencia de dos guerras, la de Vietnam y la de Sarajevo, Sontag mantenía una extraordinaria conciencia sobre los horrores de las confrontaciones armadas. Es así como una de sus principales críticas a la fotografía se centraría en la ética de aquél que registra el dolor de los demás. Así titularía su último libro, “Ante el dolor de los demás” publicado en 2003, donde manifestó que la fotografía es sin duda el registro más crudo de las realidades de la guerra.
Y pensaba que este arte, a pesar de ser un registro fiel de los hechos, se encontraba condicionada por aquél que captaba el momento: “La fotografía es, antes que nada, una manera de mirar. No es la mirada misma”.
Sin embargo, lo más heroico de esta mujer sería la manera en la que enfrentaría sus enfermedades. El diagnóstico de cáncer cuando tenía 43 años le sirvió para entender y expresar su experiencia con la enfermedad en su libro titulado “La enfermedad y sus metáforas”. Posteriormente publicó un libro similar sobre uno de las enfermedades modernas más devastadoras, el SIDA, titulado de manera similar al anterior: “El SIDA y sus metáforas”.
Ensayista reconocía, intelectual brillante, mujer excepcional, todos estos adjetivos parecen encajar con esta extraordinaria persona, que dejó de existir el 28 de diciembre de 2004 cuando la leucemia acabó con su vida a los 71 años, en la misma ciudad que la vio nacer.
No sólo Estados Unidos, sino el mundo entero, ha perdido a una gran intelectual y extraordinaria crítica, que nos ha dejado una herencia literaria que no podemos dejar pasar desapercibida.
Sabiendo que la fotografía no sólo se descubre detrás de la cámara, sino que requiere que la enriquezcamos con las ideas y reflexiones de los grandes intelectuales como Susan Sontag, la invitación queda abierta para revisar y conocer la obra de esta exitosa escritora norteamericana.