miércoles, 28 de septiembre de 2005

Milagro arqueológico

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Lo mejor de la tecnología es su capacidad, poco frecuente, de convertirse en un juguete que conduce a extraordinarias sorpresas.

Hace unos días ocurrió el milagro: un italiano, llamado Luca Mori, descubrió los vestigios de una edificación que posee un alto valor histórico. El señor Mori no es arqueólogo profesional, no goza de prestigio internacional como historiador y jamás se imaginó que participaría en el descubrimiento de un tesoro del pasado.

Mientras utilizaba el servicio Google Earth -—aplicación gratuita, obra del famoso buscador de Internet, que permite observar en una computadora imágenes satelitales de múltiples zonas del planeta—, el arqueólogo accidental percibió que la fotografía del área próxima a su hogar mostraba algunas manchas extrañas.

Los raros borrones, como lo confirmarían después los expertos del Museo Arqueológico Nacional de Parma, correspondían a los restos de una villa romana del periodo de César Augusto. Una prenda histórica de enorme valía cultural y, sin querer, el boleto a la fama de un afortunado ciudadano italiano.

Mucho hay que aprender de este caso insólito. A la tecnología le exigimos muchas cosas: que contribuya a nuestra formación académica; que incremente la productividad de las compañías donde laboramos; que construya mercados que nos coloquen en la lista de los hombres más ricos del mundo; que nos divierta sin exigir grandes esfuerzos.

Olvidamos la parte gozosa del asunto: la tecnología es un medio para desatar al máximo la curiosidad, para dejar que la imaginación viaje con toda potencia —sin escalas y por miles de rutas nuevas—; para terminar de extasiarnos y conmovernos con los temas que nos causan emoción o placer.

No se trata de ocultar o menospreciar el lado productivo.

Sólo habría que recordar, con mayor insistencia, que la parafernalia digital no está peleada con la exploración placentera y sin fines educativos, con la ociosidad que genera deleite, con la emoción que produce un tema que nos atañe profundamente.

Luca Mori no aspiraba al reconocimiento público, sólo estaba jugando con una interesante aplicación.

Su curiosidad, en el fondo, fue la que hizo posible el milagro arqueológico.


Añadir comentario


UAUUUU pero qué hallazgo...¿te estás especializando en la materia amiguita? Pasa los datos de ubicuidad de unos cuantos tesoros y nos vamos en su búsqueda jejejeGuiño


jejeje, interesantes hayazgos.. xD
parece que ahora hayan encontrado también el tesoro de tesoro de robinson crouse..nunca se sabe..jeje


Es asombroso. Gracias por venir a comentar tx3, saluditos para todosPayaso