viernes, 07 de octubre de 2005
Microorganismos: nuevos nanocircuitos
Los microorganismos que comúnmente flotan en los océanos pudieran algún día servir como componentes en circuitos increíblemente complejos de computadoras, de acuerdo a la revista New Scientist.
Las algas unicelulares, llamadas diatomeas, viven en el agua reunidas en una cáscara de sílice transformando los alimentos y la luz.
Pueden adoptar una diversidad increíble de formas, desde estructuras geométricas simples como triángulos y cuadrados a construcciones extremadamente complejas en 3D con millares de poros individuales.
Más de 100 mil especies diversas de diatomeas se sabe que existen en la naturaleza, algunas exhibiendo características de solamente algunos nanómetros de tamaño, todas con la capacidad de replicarse rápidamente a través de la división.
Kenneth Sandhage del instituto de tecnología de Georgia esperan explotar esta enciclopedia de nanoestructuras, para desarrollar los componentes intrincados de circuitos electrónicos del futuro.
Si sus esfuerzos rinden frutos, creen que podrían permitir a los ingenieros montar circuitos 3D mucho más complejos y poderosos que los que existen actualmente en la electrónica.
Nanosueños
La construcción de los circuitos 3D que usan la litografía convencional es laboriosa, puesto que implica el grabar el diseño del circuito sobre una plantilla usando la luz ultravioleta y después químicamente despejando el patrón.
Esto se hace en varias capas de escala micrométrica para construir un circuito 3D. Elaborando materiales, Sandhage y sus colaboradores han ideado hasta ahora un puñado de maneras de convertir el sílice, que protege a las diatomeas, en otros materiales, algunos de los cuales podrían ser electrónicamente útiles, por ejemplo el dióxido de titanio, que conduce fácilmente la electricidad.
Los investigadores también buscan la manera de alterar la estructura química de las diatomeas. El primer paso debe ser el modificar el sílice con un metal gaseoso en temperaturas de hasta 900°C, un método usado para convertir la cáscara de la diatomea en estructuras de óxido de magnesio y dióxido de titanio. El segundo paso implica disolver el sílice de los microorganismos para crear estructuras.
Los científicos esperan en el futuro, emplear los conocimientos genéticos de estos microorganismos, que pudieran químicamente ser utilizados para diseñar nanocomponentes útiles.
La secuencia genética de una diatomea (pseudonana- Thalassiosira) fue descifrada en octubre de 2004 en una colaboración internacional de investigadores, y los expertos creen que muchos de los genes pueden controlar una enorme variedad de las formas que exhiben.
Veremos.

