lunes, 17 de octubre de 2005
Un reconocimiento para Monsiváis
“Con la presea, Fox no valida la crítica ni yo vendo mi alma. ¿Qué significa recibir el Premio Nacional durante un sexenio que se ha caracterizado por hacer que la cultura no forme parte de la agenda nacional? Iré más lejos, en mi caso es recibirlo de manos de Vicente Fox que en su campaña aseguró que yo no era un intelectual y que en su cómic de campaña dedicó una página a burlarse de mis críticas a su afán teocrático... ¿Qué significa? Que por entregar diplomas o medallas el Presidente de la República no se vuelve cómplice de la crítica ("Te premio y te callas, y luego comes"), ni un no-intelectual como yo vende su alma por un plato de lentejas... Como la metáfora es muy antigua, a lo mejor retiro la respuesta."
A Monsiváis le tocó hablar en los 60 años de Salvador Novo y en los 80 de Martín Luis Guzmán. Hoy comparte el mismo premio que Alfonso Reyes. ¿Cómo empezó su relación con la gran tradición de la literatura mexicana?
Mi relación con la gran tradición literaria de México comenzó desde mi adolescencia. En el caso de lectores constantes, además no suelen darse los tradicionalistas porque las relecturas de los clásicos modifican y acrecientan la admiración. Hablé en la comida a Novo y en la de don Martín Luis, al lado de escritores que continúo admirando (Pellicer, José Emilio Pacheco, Carballido, en el caso de Novo, y José Revueltas en el caso de Guzmán), y creo haberlo hecho a nombre de la destreza que sí me reconozco: la de lector.
Por lo demás, negar la gran tradición literaria de México es someterse a los mitos autodespreciativos de la periferia, y eso es, además de una pérdida de tiempo, una necedad.
¿Cuál fue el momento inaugural de Carlos Monsiváis en la cultura?
Mis amigos dirán por alentarme que éste todavía no se produce; yo diré más candorosamente, que fue en 1952, cuando mi compañero Enrique Lizalde persuadió al poeta Enrique González Martínez a que fuese a nuestra secundaria a inaugurar la biblioteca que lleva su nombre. Y fui también de 1951 en adelante los domingos a la casa de don Artemio de Valle-Arizpe a visitar a mi tía, que era su ama de llaves. Don Artemio, sin dirigirme la mirada, me enseñaba una caja de libros y me decía: "Llévate uno o dos", y yo los leía religiosa e incrédulamente.
¿Cómo trazaría la línea entre el niño catedrático y el Premio Nacional?
Como una línea de continuidad entre la pretensión y la gana de ocultar, por pretensioso, la alegría.
¿Qué hace durante los 10 minutos del día en que no lee ni escribe?
Las horas del día que no leo ni escribo, y no duermo ni hablo por teléfono ni asisto a comidas y cenas, ni asisto a los actos culturales, las dedico a ver películas, clásicas sobre todo, y a pensar cómo evado las preguntas incómodas.
¿Alguna vez, por cierto, ha hecho otro ejercicio que no sea el de la memoria?
Sí, durante 20 años practiqué natación y atletismo (!!). Luego, me hice a un lado para que triunfaran las nuevas generaciones.
En Monsiváis, la memoria, más que un recurso retórico, es un rasgo definitorio. Memorizó la Biblia sin volverse loco. En un mundo desmemoriado, ¿qué significa vivir con esa especie de tinta indeleble?
En la preparatoria leí una frase de Cicerón: "La memoria es la inteligencia de los tontos". Desde entonces carezco de conciencia de culpa por acordarme de lo que puedo. Y la desmemoria hoy tan dominante me asombra: ¿por qué no se acordarán de las cosas que sólo a mí me interesan? ¡Qué absurdos o qué carentes de intereses profundos!
La ironía es una característica inseparable del estilo Monsiváis. ¿De dónde vino, cómo la descubrió?
Si yo creyese que tengo ironía, así como propiedad firmísima, mi cuenta abierta en las Islas Caimán de lavado de solemnidades, entonces: a) no diría frases como la anterior; b) viviría aterrado pensando que lo que voy a decir o estoy diciendo es todo menos irónico; c) procuraría no usar mi vocación irónica para no malgastarla, y d) me reiría solo en los taxis. Al revisar la lista anterior, me doy cuenta de que carezco de ironía. .
¿Monsiváis es un nuevo género literario?
La pregunta es una provocación inmerecida. La frase es de Octavio Paz, y es tan generosa que todavía no la asimilo. Lo que sí sé es que si respondo me exhibo, y si no respondo me inhibo. Opto por el silencio.
En 1996 agradeció el Villaurrutia imitando las dedicatorias de tesis profesionales: "A mi padrino de generación, el licenciado Guillermo Ortiz, aliento, norma y luz de mi carrera". ¿Con qué dedicatoria agradecería hoy la recepción del Premio Nacional?
La que en este momento se me ocurre es la siguiente: "Les agradezco de todo corazón el aplauso que aún no me han dado y que no estaría mal que se produjera. ¡Celebremos México!". Si con eso no consigo nada, comienzo de nuevo: "¿Hasta cuándo, neoliberalismo, abusarás de nuestra paciencia?"
Genial!

