jueves, 20 de octubre de 2005
Manuscritos y negocio
El manuscrito original de La biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges, es tal vez el mayor atractivo de la nueva sección de libros de viejo de la Feria de Francfort, que se abrió ayer al público especializado.
El librero John Wronoski, propietario de la librería de viejo Lame Duck Books, de Cambridge, pide por las ocho páginas del cuento de Borges, escritas en un cuaderno de contabilidad y con abundantes correcciones de primera mano y subrayados, la "módica" suma de 390 mil euros.
"Hay mucha gente que quiere comprar el manuscrito. El problema es que no cualquiera tiene los 390 mil euros", dijo Wronoski.
El manuscrito llegó a las manos de Wronoski después de que su propietario, un coleccionista privado argentino que lo había recibido del archivo de la revista Sur, decidiera venderlo.
"Si no lo vendo ahora, no tengo ningún problema. Sé que en cinco años el precio se habrá triplicado", añadió el librero, que considera que el original de La biblioteca de Babel es probablemente el manuscrito más valioso del siglo XX que se encuentra en manos privadas.
Wronoski opina, al pensar en un posible comprador, que sería "una idea simpática" que un banco o una institución similar adquiriera el manuscrito para donarlo a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires o a la Biblioteca Nacional de Madrid.
Otros libreros de viejo tienen también ofertas interesantes de primeras ediciones. La librería londinense Bernard Quaritch ofrece la edición original de un libro publicado en el siglo XVII por el astrónomo Johannes Kepler por 130 mil euros, una primera edición de La metamorfosis, de Franz Kafka, por 9 mil euros, y una de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, por 6 mil euros.
La nueva sección de libros de viejo abre la Feria de Francfort a un nuevo tipo de público y de especialistas cuyo interés no son las novedades editoriales, ni el tráfico de derechos de autor, sino la magia que emana de una edición o un manuscrito original.
Es el viejo tema del bussines que nunca acabará, con el consabido fondo de “sólo para coleccionistas”.
Añadir comentario
Siempre he pensado que es terrible eso de sobrevaluar las cosas con el sólo fin de obtener pingües ganancias sin que al verdadero autor, o en su caso a su familia, le llegue nada de estos "beneficios". Una cara más del coyotaje de los negocios, que no se le puede llamar de otro modo, le pongan como le pongan. Un abrazote.

