domingo, 23 de octubre de 2005
La invasión
Nuevamente un tema histórico vuelve a atrapar al Ignacio Solares novelista, el de la guerra México-Estados Unidos de 1847. Más que guerra, al igual que la de Irak, invasión, como la tituló.
La invasión, editada por Alfaguara, cuenta en sus casi 300 páginas la épica a partir de un personaje, como lo expone la editorial en su cuarta de forros:
“México, fines del siglo XIX. Abelardo escribe sus recuerdos de juventud, ineludiblemente entrelazados con la intervención norteamericana de 1847. Atestigua el proceso creativo su esposa, una mujer liberal que cuestiona y motiva a Abelardo, y es uno de sus principales motivos para escribir. Es sabido lo que pasó entonces: la mitad del territorio mexicano pasó a manos del incipiente imperio; hubo episodios heroicos y episodios vergonzosos, próceres, arribistas, traidores. Pero también, en medio de la catástrofe nacional, vocaciones, voluntades y pasiones individuales, como la de la pareja que rememora y la del doctor Urruchúa, obsesionado por lo gérmenes.
“Esta novela narra un pasaje negro de la historia nacional sin perder de vista a los que habitualmente son ignorados; en ella escuchamos léperos, labriegos, intelectuales, curas: ciudadanos comunes en busca de un destino:
“En caso de que haya algo más después de la muerte, ¿qué juegos se jugarán en nuestro calidoscopio, cómo se combinarán los colores, los humores fríos y los cálidos, los sueños lunáticos y los mercuriales, los encuentros y los desencuentros?”
Ignacio Solares nació en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 1945. Es autor del reportaje Delirium tremens y de novelas como La noche de Ángeles (Premio Diana Novedades, 1989), Madero, el otro y El gran elector, también llevada al teatro, y por la que obtuvo el premio a la mejor obra del año otorgado por las tres asociaciones teatrales de México. En Alfaguara ha publicado Nen, la inútil (Premio Fuentes Mares, 1996), Columbus, El sitio (Premio Xavier Villaurrutia, 1999), Cartas a una joven psicóloga, El espía del aire y No hay tal lugar.
Dirigió en los años setenta el suplemento “Diorama de la Cultura”, de Excélsior, y ha sido becario de la Fundación Guggenheim. Fue director de Difusión Cultural de la UNAM y actualmente está al frente de la Revista de la Universidad de México.
Dos citas de escritores liberales del XIX escogió Solares para abrir su libro:
Una, de Manuel Payno, es el epígrafe general: “El nuevo rostro de la ciudad lo íbamos modelando a puñaladas.”
La segunda, de Guillermo Prieto, abre la primera de las tres partes de que se compone el volumen: “Al yanqui que quiso izar su bandera en Palacio Nacional el día de la entrada de los norteamericanos, le mataron de un balazo, pero por más esfuerzos que hizo la policía, no pudo averiguar quién fue el matador. Pero espantan por su barbarie los tormentos que le preparaban al asesino.”
Esta vez Solares deja sus temas personales y religiosos por la presencia de la historia. La aparición de La invasión en este momento no es un ejercicio patético de la nostalgia, sino una puesta al día premeditada donde el escritor apunta al corazón de la identidad mexicana.

