Llegó tan hondo el beso que traspasó y emocionó los muertos.
El beso trajo un brío que arrebató la boca de los vivos.
El hondo beso grande sintió breves los labios al ahondarse.
El beso aquel que quiso cavar los muertos y sembrar los vivos.
Miguel Hernández
Al terminar la Guerra Civil en España, Miguel Hernández intentó huir atravesando la frontera portuguesa, pero fue detenido; inició un largo periodo de cárceles siendo condenado a muerte.
Miguel tenía 32 años, estaba casado y tenía un hijo. Se conservan papeles suyos de aquellos años de encarcelamiento.Había pasado el poeta por una serie de etapas en las que fue madurando desde un cierto clasicismo hasta una poesía apegada a los acontecimientos que vivía.
Fue un poeta revolucionario que desde las trincheras hablaba a sus compañeros de ideales. Cabe decir que Miguel Hernández se fue haciendo un poeta cada vez más vigoroso gracias a la guerra que padecía y que le envolvía.
Si hubiera estado bien cuidado habría vivido muchos años, pero su vida en la cárcel alicantina le privaba de medicinas y de atenciones. En sus últimos años era, lo que podríamos llamar, un soldado poeta hasta el punto de haber pertenecido al legendario quinto regimiento que se distinguió en la Guerra Civil.
Hijo de un tratante de ganado fue convertido por su padre en cuidador de cabras y sólo el prestigio de sus primeros versos consiguieron un cierto reconocimiento que se fue haciendo más y más fuerte y protector.
Se sabe que a los 15 años cuidaba las cabras familiares y que sus primeras lecturas poéticas procedían de los libros que algunos amigos le prestaban, ya que Miguel hubo de abandonar la escuela.
Su vida fue un continuo hacerse a sí mismo a partir de una juventud desesperada. Mucha de la influencia que la Guerra Civil ejerció en Miguel se advierte en sus poemas beligerantes y vigorosos.
El poeta intentó pasar desapercibido en una España convulsa, pero decidió volver a los suyos. Cuando llegaba a Orihuela, que es un pueblo del Levante español, fue reconocido y encarcelado otra vez. Su enfermedad no le permitió ser atendido en una cárcel, atestada de presos, y allí, entre dolores y miserias, se fue a morir.
Pocos hombres se han volcado tan íntegra y apasionadamente en su creación lírica como Miguel Hernández. Su verbo cálido y enterizo va marcado con el sello imborrable de la sinceridad. Tal es su estilo humano y poético. Su actuación cotidiana, social o política, la llevaba a cabo con tal hombría y sin reservas como su quehacer artístico.
Es la actitud radical de quien pudo decir en endecasílabos genialmente acuñados:
"porque yo empuño el alma cuando canto" y "la lengua en corazón tengo bañada".
Y también:
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
aún tengo la vida.