martes, 01 de noviembre de 2005
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Apenas si las fueguinas lunas de octubre se dejaron ver este año entre tanta turbulencia y humedad, pero lo que es cierto es que el mes que hoy termina ha dejado la peor estela de desastres que nuestro país tenga memoria.

Sabido es que el advenimiento de la temporada de huracanes se repite, pero este año, y en particular este mes, significó la entrada de dos grandes meteoros destructivos en el sur de México que acabaron con muchas vidas, así como con gran parte de la infraestructura de esta franja de tierra tan querida.

Si lo que planteaban los antiguos Celtas en sus recontrapretéritas celebraciones es auténtico, entonces habrá que decir que la marca de la transición entre el verano y el otoño fue para nosotros este año como luz y oscuridad —o vida y muerte, como ellos mismos afirmaban—, y que además, en efecto, aquellas tempestades borrascosas que murieron durante los años pasados se confabularon entre tinieblas para retornar este octubre que se fue, agresivas y acometedoras, haciéndonos una visita final que no fue para nosotros en lo absoluto bienvenida.

¿Cuántos millones de personas se vieron afectadas por las catástrofes de este octubre que se fue?

La cuenta es enorme, y hasta se puede afirmar que aún no se conoce la crudeza de la realidad y sus efectos. Y esa luna brillante que todavía hoy nos alumbra con sus máculas oscuras en conjunción con la rojiza estructura de un Marte que se acerca como si fuese el arcano de un antiguo sortilegio astronómico, nos ha traído la guerra, una guerra que viene de la naturaleza y que muy pocos podemos traducir como señales naturales que nos quieren gritar algo.

El mes que se fue ha dejado su estela como la estela que traza en el cielo la esplendente luna de octubre, y como la habrá de trazar también la marciana canica cobriza en los telescopios de astrónomos y aficionados.

Y aquí abajo, en medio de tanto resplandor nocturno, se levanta por igual la oscuridad de la miseria, una miseria transformada en desdicha: la desgracia de millones de mexicanos del sur que nada tienen que agradecer a este octubre que hoy nos dice adiós.

¿Por cuanto tiempo?

Y esta misma noche, mientras contemplo desde la terraza el bermejo punto que flota en el espacio, el diáfano fulgor de un Marte cercano e iluminado por los rayos de la luna, he recordado aquella vieja sentencia de Víctor Hugo:

”Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha."


Publicado por OswaldoLilly @ 1:33
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Publicado por Nubeblanca77
martes, 01 de noviembre de 2005 | 4:05
WOWO Os, cuanta razón tienesLlorando