jueves, 03 de noviembre de 2005
Resacas del futuro…
Según Pauli y Jung, acontecimientos independientes entre sí pueden tener relaciones sin causa y, no obstante, significativas a escala humana.
Son las «coincidencias significativas», «signos» en los que estos dos sabios ven un fenómeno de «sincronización» que revela lazos insólitos entre el hombre, el tiempo y el espacio, y que Claudel llamaba magníficamente «la fiesta de las casualidades».
Una enferma está tendida en el diván del psicoanalista Jung. Padece desórdenes nerviosos muy graves, pero el análisis no progresa. La paciente, encerrada en su espíritu realista hasta el extremo, aferrada a una especie de ultralógica resulta impenetrable a los argumentos del médico.
Una vez más, Jung ordena, aconseja, suplica:
—Abandónese, no trate de comprender, y cuénteme sencillamente sus sueños.
—He soñado con un escarabajo —responde por fin la dama, en un susurro.
En el mismo momento, suenan unos golpecitos en el cristal. Jung abre la ventana, y entra en la estancia un hermoso escarabajo dorado, haciendo zumbar sus élitros. Impresionada, la paciente cede al fin, y puede comenzar el verdadero análisis, que proseguirá hasta la curación.
Jung cita a menudo este acontecimiento verídico que parece un cuento árabe. Pero sabido es que en la historia de un hombre, como en la Historia a secas, existen muchos escarabajos de oro.
La completa doctrina de la «sincronización», construida en parte sobre la observación de tales coincidencias, podía acaso cambiar totalmente el concepto de la Historia. Una irregularidad de unos segundos en el movimiento del planeta Mercurio basta para derribar el edificio de Newton y justificar a Einstein. ¿Puede emplearse este método para prever el porvenir?
Chesterton, en El hombre que fue jueves, describe una brigada de Policía política especializada en poesía. Se evita un atentado porque un policía comprende el sentido del soneto. Pero detrás de las ingeniosidades de Chesterton se ocultan grandes verdades.
Las corrientes de ideas que pasan inadvertidas al observador oficial, los escritos y las obras que no llaman la atención de los sociólogos, los hechos sociales demasiado minúsculos y absurdos a sus ojos, anuncian acaso con mayor seguridad los acontecimientos venideros que los grandes hechos visibles y los movimientos de ideas manifiestos, de los cuales se preocupa.
El clima de espanto del nazismo, que nadie pudo prever, había sido anunciado en los terribles relatos, La mandrágora y En el horror, del escritor alemán Hans Heinz Ewers, que debía convertirse en poeta oficial del régimen y escribir el Horst Wessel Lied.
No es imposible que ciertas novelas, poemas, cuadros y estatuas, no advertidas siquiera por la crítica especializada, nos presenten, en forma increíblemente minuciosa, las figuras exactas del mundo de mañana.
Dante, en La Divina Comedia, describe con precisión la Cruz del Sur, constelación invisible en el hemisferio norte y que ningún viajero de su tiempo pudo haber descubierto. Este dato lo he puesto por cierto en un post perdido en la maraña de artículos de este humilde blog.
Swift, en el Viaje a Laputa, da las distancias y el período de rotación de los dos satélites de Marte, desconocidos en su época. Cuando el astrónomo americano Asaph Hall los descubre, en 1877, y advierte que sus mediciones concuerdan con las indicaciones de Swift, presa de una especie de pánico los denomina Fobos y Deimos: miedo y terror.
A Hall le aterroriza también el hecho de que estos satélites aparezcan bruscamente. ¿Por qué? Porque otros telescopios más poderosos que el suyo no los habían revelado la víspera. Parece simplemente que él fue el primero en examinar Marte aquella noche.
Después del lanzamiento del «Sputnik», los astrónomos contemporáneos han empezado a escribir que tal vez se trataba de satélites artificiales lanzados el día de la observación de Hall. Pero nadie puede afirmarlo con certeza.
En 1896, un escritor inglés, M P. Shiel, publica una novela en la que aparece una banda de monstruos criminales que asolan Europa, matan a las familias que consideran perjudiciales al progreso de la Humanidad, y queman los cadáveres. Curiosamente titula su novela: Las SS.
Goethe decía: «Los acontecimientos venideros proyectan su sombra por anticipado». No es tan insensato pensar en la probabilidad de que en obras humanas extrañas a lo que llamamos «el movimiento de la Historia», se encuentre la verdadera expresión y el anuncio de estas resacas del futuro.
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Todas estas afirmaciones son fantásticas Oswaldo. Buenos post los tuyos de verdad. Por cierto, ¿Le mandarás otro libro a Maria? Saluditos.

