jueves, 03 de noviembre de 2005

Realidad de lo fantástico…

339x237px - 8.8 Kbytes

El 23 de febrero de 1957, un hombre rana buscaba el cuerpo de un estudiante ahogado en el lago del Diablo, en Bohemia. Volvió a la superficie pálido de espanto, incapaz de pronunciar una palabra. Cuando hubo recobrado el habla, explicó que acababa de ver, bajo las aguas frías y densas del lago, una formación fantasmagórica de soldados alemanes de uniforme, una caravana de carros enganchados, con sus caballos en pie.

« ¡Oh, noche!, ¿qué son esos guerreros lívidos...??»

De repente, ciertos sucesos verídicos sobrepasan lo inesperado y nos negamos a creer. ¿Por qué? ¿Sólo porque son atípicos? Pero, ¿de cuantos sucesos atípicos está compuesta la historia de los descubrimientos humanos?

Por ejemplo, partiendo de una millonésima de gramo de plutonio, el físico nuclear traza el proyecto de una fábrica gigante que funcionará según lo previsto. Partiendo de algunos sueños, Freud arroja sobre el alma humana una luz como jamás se viera antes. Y es que Freud y Einstein realizaron, en el primer momento, un esfuerzo colosal de imaginación.

Pensaron en una realidad totalmente distinta de los datos racionales admitidos por entonces. Partieron de esta proyección imaginativa, establecieron conjuntos de hechos que la experiencia ha venido a confirmar.

«En el campo de la ciencia aprendemos cuán grande es la extrañeza del mundo», dice Oppenheimer.

¿Por qué entonces, cuando alguien nos habla de una caravana de hombres, carros y caballos hundidos en un lago nos parece ficción?

Comparemos las construcciones arácneas de Spengler o de Toynbee con el movimiento torrencial de la física nuclear. La Historia, en cambio, está atascada. Las razones son sin duda múltiples.

Mientras el físico o el psicoanalista abandonaron resueltamente la idea de que la realidad era necesariamente satisfactoria para la razón y optaron por la realidad de lo fantástico, el historiador permaneció encerrado en el cartesianismo. No es siempre ajena a ello una cierta pusilanimidad eminentemente Política.

Se dice que los pueblos felices no tienen Historia. Pero los pueblos que no tienen historiadores, francotiradores y poetas son más infelices: están asfixiados, traicionados y sin futuro.


Añadir comentario


Uta Oswaldo que buen post Chica
Me acabas de dar una idea grandiosa con esto que pusiste...luego te explico jejeje:]


Es verdad lo que dices...tenemos que salirnos del cascarón mental que la historia y la ciencia nos impone...eso hicieron Einstein, Freud, Planck y muchos otros. ¿Qué sería de la propia ciencia sin sus geniales y fantásticas abstacciones? Payaso