lunes, 07 de noviembre de 2005

Balas de cañón y paraguas...

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Uno ya debería estar prevenido contra las historias fantasmagóricas y las figuras singulares, pero lo cierto es que personajes absolutamente increíbles siguen apareciendo sorpresivamente cuando menos lo esperamos.

En un libro formidable firmado por Alejandro Sobarzo se habla de un general estadounidense que se paseaba por nuestra Alameda montado a caballo y bajo un paraguas abierto.

Parece ser que nuestra guerra contra el invasor del norte (que todavía sigue acosando a países sin cesar) había terminado, pero el general del paraguas fue contemplado, por quienes tomaban el sol, si bien con asombro sin ningún gesto de burla.

En el mismo libro nos podemos enterar que el general Gideon Pillow fue detenido cuando intentaba abandonar México llevando en uno de sus baúles una bala de cañón. A través de pesquisas periféricas se puede asegurar que el tal general Pillow no era ni general ni sargento, sino un personaje dado a coleccionar artefactos de guerra.

¿De dónde salen estos seres tan singulares que galopan por la Alameda cubriéndose con un paraguas? El mundo está lleno de tales adefesios y parece ser que la naturaleza humana los sigue colocando entre nosotros para nuestro asombro.

Se dijo que Gandhi no podía viajar si no iba acompañado de una cabra; después la razón de este hecho se llenó de sentido común cuando se supo que la leche de la cabra contenía toda la alimentación que Gandhi consumía en el desayuno.

Con esto quiero decir que si buscamos pacientemente en la conducta del general estadounidense Pillow, que galopaba sobre un caballo protegiéndose del sol con una sombrilla, acaso encontraremos, en lo que en un principio nos pareció singular y chistoso, algo merecedor de nuestro respeto.

Yéndonos más lejos bien podríamos descubrir que el robarse una bala de cañón tiene un cierto sentido, es decir, que una bala de cañón bien puede hacer menos daño a la humanidad dentro del baúl del general Pillow que en un campo cualquiera de batalla. Es claro que no podríamos decir lo mismo si del baúl del señor Bush se tratase, jeje.

Se deduce sin embargo de estas historias aparentemente absurdas, que lo más conveniente es observar la vida sin buscarle tres pies al gato. ¿Lo tendrá en cuenta el señor Bush?

Parece ser que al general Pillow le devolvieron la bala de cañón y le pidieron disculpas, y lo mismo hicieron con la cabra de Gandhi.


Añadir comentario


Jejeje, pobre Bush, le han dado palo con caña xDD:]


Y otra cosa, ¿querrá ir por la reelección?Avergonzado


jeje, genial Colo! Si va por la reelección, ya puede irle pidiendo prestado el título de este post a Oswaldo. Parará balas de cañ+on con un paraguas jeeeeMuchas risas