jueves, 10 de noviembre de 2005

Francia, al ritmo de los suburbios

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"Claro que Francia está herida, pero son ellos quienes nos hieren a nosotros con la discriminación, con el desempleo", afirma Zacarías Ivala, proveniente de Mozambique, quien intenta encontrar un trabajo "decente" en un París que pareciera que a veces no tiene más buenos empleos para los inmigrantes.

Así responde a la frase dicha la víspera por el primer ministro francés, Dominique de Villepin, quien solemne afirmó: "Francia está herida. La República enfrenta un momento de verdad… No puede reconocerse a sí misma en sus calles y áreas devastadas en estos exabruptos de odio y violencia que destruyen y matan…" En Mozambique, Zacarías era profesor de historia. Aquí no puede aspirar a mucho. Para él, aunque en su currículum no ponga su foto (en Francia está prohibido), sabe que su condición de africano no le permitirá encontrar algo cercano a lo que respaldan sus estudios.

Cada vez que De Villepin propone nuevas medidas ya sea para regresar a la calma o para favorecer a los habitantes de los suburbios, la sociedad se exaspera y resopla. Pero cuando al que le toca hablar es al ministro del Interior, Nicolás Sarkozy, lo peor puede pasar.

"¿No dijo Sarkozy que somos la escoria?", exclama Seed Kamina, habitante de uno de los suburbios y proveniente de Algeria, "eso no es agradable ni va a ayudar a mejorar nuestras condiciones".

Basta ver de qué nacionalidad son, por ejemplo, los empleados de los supermercados parisinos y en general los que ocupan las peores plazas: en su inmensa mayoría gente de color proveniente de África.

Pero también está la verdad de los ciudadanos franceses… "A quien no le guste Francia, que se vaya. ¿Por qué tenemos que soportar que venga gente de otros lados y nos quemen los coches que nos han costado años de trabajo?", comenta Pierre Chavallier, habitante de la localidad de Neuilly-sur-Seine, donde hace dos años Sarkozy fue alcalde.

Chavallier, como muchos franceses, defiende la propuesta de Sarkozy a la Asamblea Nacional de expulsar a los extranjeros que han participado en las revueltas y le da la razón.

Y es que Francia vive al ritmo de la vida nocturna de los suburbios de sus ciudades. Las escenas que se han visto desde hace 14 días con los coches incendiados y los ataques a edificios públicos tienen a los franceses viviendo en el escándalo: en el internacional, pero también en el personal.


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Es una pena la verdad. Podría aprobar los motivos y razones que originan el descontento, pero no la violencia. Es mi sentir.RollEyes