"Nadie nos quiere ayudar...", dice Jesusín con su voz de cuatro años. Desde el paso del huracán Wilma , hace tres semanas, el niño Jesús Mendoza duerme sin techo. Desde su catre mira las estrellas. Si llueve, tiene que buscar dónde guarecerse, igual que de los rayos del sol.
No comprende la insensibilidad de las autoridades. Escucha en la radio discursos de ayuda. Se entera de reconocimientos a organismos diversos por lo mucho que han hecho por la gente. Y no entiende por qué su familia no ha recibido nada.
"Mi regalo de Navidad sería que le hagan caso a mi mamá y nos den láminas", comenta Jesusín sentado en medio de su morada devastada por el meteoro en la manzana 66, lote 13 de la Región 94 de Cancún, donde miles de familias siguen en la misma situación.
El invariable discurso de las autoridades: "La ayuda la recibirán en casa. No es necesario que vengan al palacio municipal". Esas son palabras de Francisco Alor, munícipe de Cancún. Pero la ayuda no llega.
Las protestas en el palacio municipal no se detienen.
"Me han hecho dar vueltas y más vueltas. He ido al DIF; de ahí me enviaron primero a la escuela Ejército Mexicano de la Región 94. Me dijeron que no podían darme nada porque sólo era para la gente que lo necesitara de verdad. Pero vea cómo está mi casa. ¿No necesito la ayuda? Ya no sé qué hacer", expresa María del Carmen Mendoza, madre de Jesusín , quien relata que desde el tercer día del paso del huracán inició su peregrinaje. De un sitio a otro. Y nada.
"En el antiguo edificio de Comercial Mexicana hay cientos de toneladas de láminas de cartón. ¿Para qué las guardan? ¿Para las campañas políticas?, pregunta Nelson Rodríguez, asesor de colonos.
Las autoridades dicen que pasó la emergencia e inició la reconstrucción. Que la mayoría de las necesidades urgentes fueron atendidas. Pero la cruda realidad desmiente el dicho de los gobernantes.
Si no, vea a María Alejandra Che Hu, quien entre risas nerviosas extiende la mano para señalar que la destrucción de su casa está `intacta`, como la dejó Wilma . Tres semanas de gestiones, de aguardar en largas filas bajo el intenso sol. Total, para nada.
"Que sólo es para los sindicatos me dicen, pero yo he visto que la ayuda se la entregan a sus conocidos. Hay gente que pasa en las tienditas ofreciendo botellitas de agua purificada a precio de regalo. Hay gente que recibió muchas despensas. Unos pocos han acaparado la mercancía", agrega María Alejandra.
Y uno recorre las partes pobres de Cancún, las colonias irregulares donde viven al menos 80 mil personas, y éstas son historias repetidas, sin que nada ni nadie haya sido hasta ahora capaz de poner orden.