A mediados de 1769, un ingeniero en Hungría, Wolfang Von Kempelen, construyó una máquina que jugaba al ajedrez, la cual asombró en su momento a propios y extraños. Dicha máquina era en realidad un escritorio, en el cual había un maniquí de un turco, el cual, mediante un ingenioso mecanismo, tomaba las piezas del tablero de ajedrez y las movía en éste.
El muñeco estaba sentado en una caja de 120 x 80 centímetros, en el cual había, desde luego, un tablero de ajedrez. En el interior del escritorio había una serie de engranes y resortes. El ingeniero abría las puertas del escritorio mostrando que no había truco y que dentro de la máquina sólo había un intrincado mecanismo. Como la figura que jugaba iba vestida como un turco, con turbante y todo, el inventor levantaba las ropas del muñeco para demostrar que no había trampa.
Sin embargo, era tal la habilidad del turco para ganar las partidas más complicadas y difíciles, que la conclusión lógica era simple: se trataba de un engaño. Y lo era. De alguna manera Von Kempelen había diseñado una forma de meter a un fuerte jugador dentro de la máquina y mediante un mecanismo complejo, dicho maestro podía ver la partida que veía el turco y hacer las jugadas. El truco de Kempelen, que asombraba a las multitudes, tenía éxito porque, de alguna manera, retaba a la inteligencia humana, al hecho de que el ajedrez parecía ser algo que simplemente estaba alejado de cualquier tipo de maquinaria.
Muchos años después la tecnología moderna nos empezaría a demostrar que, una vez más, nuestro orgullo como seres humanos, de los reyes del planeta, sucumbiría ante los programas de computadora, primero en equipos costosísimos (Deep Blue), máquinas que ocupaban pisos enteros (Crafty), hasta llegar a transportar esta temible invención ajedrecística en las computadoras caseras.
Así, hoy día ya hay muchos programas de ajedrez, como Rebel, Shredder, Hiarcs, Junior y Fritz, entre otros. En los últimos diez años, quizás, estos ingenios de software han mejorado considerablemente. En los ochenta jugué con una maquinita llamada Fidelity, la cual era fácilmente de derrotar por un jugador de mediana fuerza. Hoy día, cualquiera de los programas mencionados puede derrotarme no sólo a mí, sino al 98% de la población ajedrecística mundial. Incluso jugadores como Kaspárov y Krámnik no han podido ganarle un encuentro a estos programas de computadora, que cuestan no más de una centena de dólares y que pueden ser conseguidos con facilidad.
Y tal vez como una especie de homenaje a Von Kempelen, la nueva versión de Fritz, la 9.0, contiene una opción que le permite al usuario jugar contra el autómata del húngaro. El sistema presenta en la pantalla del ordenador un salón viejo, en donde se reproduce acertadamente la máquina de Von Kempelen.
Gracias a la tecnología 3D de la biblioteca DirectX de Microsoft, los programadores de Fritz han generado una réplica del turco, con la excepción de que ahora no hay un hombre escondido en la simulación, sino que es el propio Fritz que juega con gran éxito dentro del turco.