martes, 15 de agosto de 2006


Orígenes nació en Alejandría en el 185, quizá de padres paganos, pues su nombre griego significa «hijo de Horus». Al igual que Clemente, un griego que fuera su maestro, Orígenes mezcló mucha filosofía griega a su cristianismo, y era capaz de enfrentarse a los filósofos paganos en pie de igualdad.

Entró en lid contra un escritor griego llamado Celso, filósofo platónico pagano que había escrito un libro frío y desapasionado contra el cristianismo. Fue el primer libro pagano que se vio obligado a tratar al cristianismo seriamente —quizá como resultado de la labor de Clemente—. Orígenes replicó en un libro titulado Contra Celso, que fue la defensa más completa y concienzuda del cristianismo que se publicó en los tiempos antiguos.

El libro de Celso no sobrevivió mucho tiempo, pero casi las nueve décimas partes del mismo se citan en el libro de Orígenes, que sí ha llegado hasta nosotros. Así pues, gracias a Orígenes conocemos todavía las opiniones de su adversario. De este modo Egipto contribuyó de forma muy importante a la intelectualización del cristianismo y a hacerlo aceptable para los hombres de formación clásica. En realidad, en los primeros siglos del cristianismo, Alejandría fue el centro cristiano más importante del mundo.

Cito aquí una de sus muchas reflexiones sobre pasajes de la Biblia, justo el que hizo acerca del capítulo 22 del Libro de Génesis:


“Abrahán tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac, y él llevaba el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. El hecho de que llevara Isaac la leña de su propio sacrificio era figura de Cristo, que cargó también con la cruz; además, llevar la leña del sacrificio es función propia del sacerdote. Así, pues, Cristo es, a la vez, víctima y sacerdote. Esto mismo significan las palabras que vienen a continuación: Los dos caminaban juntos. En efecto, Abrahán, que era el que había de sacrificar, llevaba el fuego y el cuchillo, pero Isaac no iba detrás de él, sino junto a él, lo que demuestra que él cumplía también una función sacerdotal.

¿Qué es lo que sigue? Isaac –continúa la Escritura– dijo a Abrahán, su padre: «Padre». Esta es la voz que el hijo pronuncia en el momento de la prueba. ¡Cuán fuerte tuvo que ser la conmoción que produjo en el padre esta voz del hijo, a punto de ser inmolado! Y, aunque su fe lo obligaba a ser inflexible, Abrahán, con todo, le responde con palabras de igual afecto: «Aquí estoy, hijo mío». El muchacho dijo: «Tenemos fuego y leña, pero, ¿dónde está el cordero para el sacrificio?» Abrahán contestó: «Dios proveerá el cordero para el sacrificio, hijo mío».

Resulta conmovedora la cuidadosa y cauta respuesta de Abrahán. Algo debía prever en espíritu, ya que dice, no en presente, sino en futuro: Dios proveerá el cordero; al hijo que le pregunta acerca del presente le responde con palabras que miran al futuro. Es que el Señor debía proveerse de cordero en la persona de Cristo.

Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: •¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: «Aquí me tienes». El ángel le ordenó: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios». Comparemos estas palabras con aquellas otras del Apóstol, cuando dice que Dios no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros. Ved cómo Dios rivaliza con los hombres en magnanimidad y generosidad. Abrahán ofreció a Dios un hijo mortal, sin que de hecho llegara a morir; Dios entregó a la muerte por todos al Hijo inmortal.

Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Creo que ya hemos dicho antes que Isaac era figura de Cristo, mas también parece serlo este carnero. Vale la pena saber en qué se parecen a Cristo uno y otro: Isaac, que no fue degollado, y el carnero, que sí fue degollado. Cristo es la Palabra de Dios, pero la Palabra se hizo carne.

Cristo padeció, pero en la carne; sufrió la muerte, pero quien la sufrió fue su carne, de la que era figura este carnero, de acuerdo con lo que decía Juan: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La Palabra permaneció en la incorrupción, por lo que Isaac es figura de Cristo según el espíritu. Por esto, Cristo es, a la vez, víctima y pontífice según el espíritu. Pues el que ofrece el sacrificio al Padre en el altar de la cruz es el mismo que se ofrece en su propio cuerpo como víctima.”

Oración

Vela, Señor, con amor continuo sobre tu familia; protégela y defiéndela siempre, ya que sólo en ti ha puesto su esperanza. Por nuestro Señor Jesucristo.
Publicado por OswaldoLilly @ 2:55
Comentarios (1)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Visitante
lunes, 20 de julio de 2009 | 5:43
Oye si, muy bella enseñanza de Origenes.