sábado, 09 de septiembre de 2006


Las computadoras tienen mala prensa en estos días. Se supone que son desalmadas y que deshumanizan al hombre. Pero, ¿qué es lo que esperará la gente?

Insisten en poblar al mundo de miles de millones. Insisten en tener gobiernos que gastan cientos de miles de millones. (Por cierto que lo hacen. En los Estados Unidos no hay una sola persona que no esté a favor de la reducción de los gastos del gobierno, excepto allí donde resulte afectada su forma de vida; y como cada reducción perjudica la forma de vida de millones, no se hace ninguna reducción.)

Insisten en las grandes empresas, los grandes desarrollos científicos, los grandes ejércitos, todo lo demás, y las cosas se han vuelto tan complicadas que nada de todo esto resulta posible sin las computadoras.

Por cierto que las computadoras cometen errores caprichosos, pero eso no se debe a la computadora. El culpable es el ser humano que la programó o la operó.

Si usted no puede lograr que los talones de sus cheques se ajusten al balance, ¿a quién le habrá de echar la culpa, al sistema de numeración o a su propia incapacidad para sumar? (¿Al sistema de numeración? Bueno, en ese caso, debo suponer que también habrá de acusar a las computadoras.)

¿Deshumanizantes? Yo sospecho que la misma queja fue proferida por algún arquitecto protosumerio que se sintió disgustado al ver las cuerdas con nudos que empleaban los jóvenes aprendices para medir las distancias en el templo en construcción. Quizás habrá dicho: un arquitecto debería usar sus ojos y su inteligencia, y no depender de artefactos mecánicos carentes de espíritu.

En realidad, la gente que emite juicios feos sobre las computadoras no hace otra cosa que dejarse dominar por una especie de droga pseudointelectual. No hay ninguna manera de separarlas de la sociedad sin provocar el desastre, y si todas las computadoras fueran a la huelga durante veinticuatro horas, entonces sentirían en carne propia lo que se quiere decir cuando se habla de una nación completamente paralizada.

Es muy cómodo quejarse de nuestra tecnología moderna al mismo tiempo que se le saca toda la ventaja posible.

Hablar no cuesta nada.
Publicado por OswaldoLilly @ 6:39
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