lunes, 18 de septiembre de 2006



"Elefantes, elefantes... Mucho facha, es lo que hay".
Noam Chomsky.


Parece ser que la conexión más encantadora entre el hombre y el elefante tuvo lugar en la Antigüedad, cuando el elefante era empleado en la guerra como el equivalente vivo del tanque moderno.

Podía trasportar varios hombres junto con numerosas armas de asalto. Podía causar daño por su propia cuenta empleando el tronco, los colmillos y las patas. Pero ante todo representaba un arma psicológica terrorífica para las fuerzas enemigas, a las que les resultaba muy difícil enfrentar a estos animales gigantescos.

Las desventajas más notorias del empleo de los elefantes se basan en el hecho de que estos animales son lo bastante inteligentes como para huir ante la presencia de un enemigo aplastantemente superior, y en su pánico (especialmente cuando están heridos) pueden resultar más dañinos para las propias fuerzas que para el enemigo.

El Occidente tuvo su primer contacto con los elefantes en el año 326 a. C. cuando Alejandro Magno derrotó a Poro, rey del Punjab, a pesar de que éste utilizó doscientos elefantes. Durante el siglo siguiente los monarcas que sucedieron a Alejandro emplearon elefantes.

Generalmente sólo uno de los dos contendientes contaba con elefantes, pero en la batalla de Ipso, que tuvo lugar en el año 301 a. C. entre los generales rivales del ejército que había dejado Alejandro, hubo elefantes en ambos lados, cerca de trescientos en total.

A veces se usaban elefantes africanos, aunque los elefantes asiáticos eran los más comunes. Pero los elefantes africanos provenían en aquella época del Norte de África y eran más pequeños que los elefantes asiáticos.

En la actualidad, la variedad nordafricana se encuentra extinguida gracias a la malparida ambición humana, y cuando hablamos de los elefantes africanos nos referimos a los del África Oriental, que son los gigantes de la especie y los mayores mamíferos terrestres vivientes.

El general griego Pirro llevó los elefantes al Sur de Italia en el año 280 a. C. para enfrentar a los romanos pero éstos, aunque aterrorizados por las bestias, igualmente pelearon con gran resolución.

La última batalla de elefantes fue la de Zama, en la cual los elefantes de Aníbal no lograron que éste derrotara a los romanos.

El elefante es herbívoro. Puede aplastar a un hombre hasta matarlo por accidente, o intencionalmente si se lo enfurece, pero en ningún otro caso existe razón para suponer que pueda causar daño al hombre. Este no constituye alimento para el elefante.

Pero el elefante (especialmente sus largos y preciosos colmillos), lastimosamente sí constituyen un medio “monetario” para el hombre. Terrible.

¡Viva el jodido concepto utilitario!

Publicado por OswaldoLilly @ 19:01
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Comentarios
Publicado por Visitante
martes, 21 de noviembre de 2006 | 16:09
buena la reseñita que carai
Publicado por Visitante
viernes, 17 de abril de 2009 | 3:21
si, pobres animalitos xd Helado
Publicado por Visitante
martes, 07 de julio de 2009 | 4:05
siempre los han utilizado como carne de cañon y no es justo, por un lagdo los trogloditas y por el otro los malditos cazadores furtivos... sres (no se si deba decirles asi a estos truhanes), van a acabar con la especie