Desde hace mucho tiempo se sospechaba que en las entrañas de la tierra, justo debajo del actual Templo Mayor de la Ciudad de México existían todavía vestigios arqueológicos sepultados de la gran cultura Azteca.
Y ha sido en estos últimos días que un monolito gigante y un nuevo santuario fueron descubiertos en el Templo Mayor durante la sexta etapa de excavaciones realizadas en la zona arqueológica.
El supervisor del programa de arqueología urbana, José Álvaro Barrera, dijo que conforme avancen las excavaciones se podrá saber la grabación que hay sobre el monolito, donde esperan también encontrar una ofrenda. Hasta el momento sólo se puede apreciar el canto del monolito, el cual mide tres metros 57 centímetros de longitud.
El 27 de febrero de 1978, un grupo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología rescataron una piedra de más de tres metros de diámetro, localizada días antes por obreros de la Compañía de Luz. Al descubrirse por completo la pieza, el arqueólogo Felipe Solís, en aquél entonces, la identificó como la diosa Azteca Coyolxhauqui.
A raíz de este hallazgo se iniciaron las excavaciones formales en el Templo Mayor de Tenochtitlán, lo que hoy constituye uno de los proyectos de arqueología urbana más importantes de México.
Los expertos del programa de arqueología urbana destacan que todavía no se puede determinar a qué corresponde la grabación del monolito, el cual mide tres metros con 57 centímetros de longitud en uno de sus lados.
¿A qué esperar más? A seguir excavando, señores…