Tal como los modernos amantes de los perros miman a sus animales domésticos sirviéndoles el bocado sobre la mesa, y a veces hasta en la misma cama, parece que los peruanos antiguos también trataron a sus perros como si fuesen miembros de la familia.
Esta es la conclusión a la que han llegado los arqueólogos después de desenterrar más de cuarenta perros momificados en un cementerio de mascotas de hace por lo menos mil años, al sur de Lima, Perú.
La antropóloga peruana Sonia Guillen y su equipo han hecho el hallazgo excavando en un cementerio humano de la cultura Chiribaya, una sociedad agrícola que prosperó entre el 900 y el 1350 d. C., tiempo antes de la aparición del Imperio Inca. Los investigadores encontraron 43 perros enterrados en bóvedas separadas junto a sus dueños humanos, naturalmente conservados por las arenas del desierto y sepultados, al parecer, hasta con convites para la “vida después de la muerte."
“Hemos encontrado que en todos los cementerios siempre, en medio de las tumbas humanas, hay otras dedicadas a los perros adultos y cachorros," dijo Guillen a la Associated Press. "Ellos tienen sus propias tumbas, y en algunos casos fueron enterrados con mantas y alimentos".
El descubrimiento avala ampliamente la alta estima en que la cultura Chiribaya colocaba a los perros, los que, —dice Guillen— fueron apreciados sin duda por su gran habilidad en el apelotonamiento de las llamas en los grandes campos de pastoreo. Pero el hallazgo, al mismo tiempo, también levanta preguntas sobre si algunos de los descendientes de estos perros, los canes de nuestros días en el Perú, podrían tener como antepasados a estos apreciados ovejeros antiguos de grandes colmillos.
El equipo de Guillen intenta actualmente demostrar que los pastores de Chiribaya tienen descendientes que todavía viven hoy, y que los perros de esta raza constituyen una clase única. "Hemos encontrado animales muy similares con las mismas características en los valles del sur de Perú." —dijo—.
"Este gran pastor aún está entre nosotros."
¿Será?