miércoles, 11 de octubre de 2006
¿Alegorías... de qué clase?
El mundo hace lentos progresos. Hace sólo trescientos años me hubiesen quemado.
Sigmund Freud.
Mucho antes de la presentación de la película Las Crónicas de Narnia: el León, la Bruja, y el Ropero” ya se había generado un debate sobre el autor C. S. Lewis y las influencias religiosas que supuestamente lo llevaron a escribir este libro para niños.
La historia trata sobre cuatro niños que descubren que en el interior de un antiguo guardarropas adosado a una pared se halla una puerta para entrar en el mundo mágico de Narnia, lo cual lleva a algunos críticos a intuir (¡qué cosas tiene la vida, Mariana!) que se trata de una alegoría cristiana. Además, otro carácter principal de su libro —dicen los críticos— es la aparición de un león mesiánico en la historia. (¿Se referirán acaso a la alegoría bíblica del “León de Judá?)
No obstante, el mismo Lewis afirmó que él no intentó nunca escribir una historia cristiana sino simplemente un gran cuento para niños. He aquí la gran discrepancia existente entre los críticos y los creadores de historias mágicas, como el mismísimo Michael Ende, quien siempre afirmó que los comentaristas solían ver “fantasmas” en donde no los había.
Las influencias creativas de Lewis, al menos en el principio, no fueron mitologías cristianas, aún cuando El mundo de Narnia esté poblado principalmente de animales parlantes. Su historia, por supuesto, también incluye a criaturas mitológicas y figuras tan disformes como faunos, ninfas, dryads, bacchus y silenus, tomados todos de las tradiciones griegas y romanas, y algunos otros de la mitología nórdica. Para recrear las caracterizaciones de Narnia, Richard Taylor, diseñador de las criaturas de la película, tuvo que valerse de una enorme biblioteca sobre sociedades mitológicas y doctrinas que cubren una historia de más de 2,000 años.
"C. S. Lewis desarrolló un mundo que se basa en una cultura rica en mitologías, con una representación fuertemente pictórica en donde sobresalen el arte, la escultura y el diseño," dijo Taylor en una entrevista en Nueva Zelanda, donde se ubica su taller WETA. "Cosas tan diversas como la porcelana de la era Griega, mosaicos, bastidores de bronce, talladuras de mármol, esculturas, pinturas ilustrativas, todas estas influencias las usamos como fuentes, y la mayor parte de ellas son la representación mitológica de un carácter particular o de la cultura en Narnia."
Nacido en Belfast, Irlanda, C. S. Lewis luchó en la primera guerra mundial. Lewis fue en realidad un erudito del cristianismo y la literatura medieval, y trabajó como profesor en la Universidad de Oxford, en Inglaterra, durante casi tres décadas. En 1950 escribió El León, la Bruja y el Ropero, el primero de siete libros de fantasía para niños a los que en conjunto tituló Las Crónicas de Narnia.
La serie se hizo enormemente popular y nunca ha pasado de moda, pues se han vendido más de 85 millones de copias. Una persona a quien no gustaron los libros de Narnia era uno de los colegas de Lewis y asimismo su amigo más cercano, J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Tolkien, quien se inspiró igualmente en la mitología nórdica para escribir su libro, pensaba que el choque de figuras de tradiciones diferentes en una misma historia rompía con la tradición del cuento de hadas. ¡Qué cosas tiene la vida, Mariana!
“Lewis tal vez quiso representar los sueños buenos que Dios envía al género humano para prepararlo para «el mito verdadero» que, para Lewis, era la Encarnación," afirma Bruce Edwards, un profesor inglés y experto en literatura de ficción. “Lewis creía que los mitos, en el fondo, no eran leyendas, y que las historias alternas a menudo se repitieron en nuestro pasado misterioso."
A Lewis sobre todo le gustaron los mitos nórdicos e Islandeses, de los que él se enamoró siendo niño a través de las adaptaciones de cuentos nórdicos hechas por Longfellow y por las óperas de Richard Wagner. Lewis también tenía un conocimiento muy profundo de la literatura griega antigua. Siendo adolescente tradujo tragedias griegas completas, y aquella mitología lo influyó cada vez más en la medida en que se hacía viejo.
Al principio, el equipo de Taylor pretendió apartarse de la representación histórica de las criaturas mitológicas de Narnia para intentar la creación de sus propios diseños. Pero después de seis meses comprendieron que esta fórmula no sería operante.
Taylor, quien creció en una “farmer” dedicada a la engorda de ganado en Nueva Zelanda, dice que sus criaturas favoritas son los minotauros, esos toros que caminan de pie, tan derechos como un hombre. En Narnia, Otmin es el general minotauro del ejército de la bruja mala y es, además, un guerrero formidable, como muchos de sus correligionarios de la mitología griega. "Ellos en realidad tienen la armadura más hermosa que la de cualquier criatura en todo Narnia," dice Taylor.
"Para puristas de la fantasía como Tolkien, el eclecticismo del mundo de Narnia es un obstáculo serio," afirma Peter Schakel, profesor de literatura, quien ha estudiado la vida y los trabajos de C. S. Lewis por años. "El sentido de extrañeza y las maravillas que los lectores experimentan cuando leen las Crónicas de Narnia brota de la realidad mágica que encuentran en todas esas figuras mitológicas mundiales que ya se conocen. El efecto mágico es aumentado, no disminuido, por la mezcla de figuras de tradiciones diferentes."
¡Qué cosas tiene la vida…M…!
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Pues a mi si me parecio un émulo del mensaje cristiano, hay muchas muchas cosas que aluden de fondo al mensaje bíblico y al sacrificio de Cristo, aunque con personajes totalmente distintos...pero de que otro modo podría hacerlo Lewis si era eso lo que quería transmitir?

