Mucho se oculta en los sombríos confines del universo. En los telescopios comunes, las nubes de polvo interestelar y las regiones oscuras del espacio exterior pueden parecer apagadas, sin brillo. Pero para un telescopio del tamaño de un automóvil, que se halla a 42 millones de kilómetros de la Tierra, están llenos de luz infrarroja o radiación térmica.
Desde su lanzamiento en agosto de 2003, el Telescopio Espacial
Spitzer de la NASA nos ha brindado la mitad (sic) del universo, dice el astrónomo Robert Kennicutt.
El telescopio
Spitzer ha revelado verdaderas “cunas cósmicas”. Las estrellas se forman entre nubes de gas y polvo, y los planetas surgen en discos de escombros alrededor de nuevas estrellas. Las galaxias tempranas también están envueltas en polvo.
Aunque de ellos escapa muy poca luz visible, estos objetos todavía emiten calor y luz infrarroja. “Si observamos estos objetos sólo en la luz visible, no distinguiremos ni la punta del iceberg”, dice el astrónomo Charles Lawrence. “Observamos a través del infrarrojo porque es ahí donde se encuentran los fotones”.
Atrapar esos fotones o partículas de luz significó ir al espacio, porque la atmósfera de la Tierra bloquea casi toda la radiación infrarroja. Lyman Spitzer, el astrofísico estadounidense en cuyo honor se nombró al telescopio, recordó las ventajas de los telescopios espaciales en 1946. Desde entonces, instrumentos como el legendario
Hubble han confirmado sus teorías.
Pero la capacidad del
Spitzer para registrar la luz infrarroja es inigualable, gracias a un espejo de poco más de 90 centímetros de diámetro, a detectores de alta sensibilidad enfriados casi hasta el cero absoluto (-273.15 °C) y a que se encuentra en una órbita alejada del calor de la Tierra, el cual podría afectarlo.
El telescopio ha recogido indicios de cómo y dónde se forman planetas, y ayuda a los astrónomos a entender cómo la luz y la radiación de estrellas existentes desencadenan el colapso de nubes de gas para formar nuevas estrellas.
En las regiones más lejanas del espacio, el
Spitzer está encontrando galaxias jóvenes que brillan en el infrarrojo. “Hemos logrado un gran avance en la búsqueda de galaxias en el comienzo del universo”, comenta el astrónomo Giovanni Fazio.
Las observaciones continuarán hasta que el telescopio se quede sin el helio líquido que lo enfría, hacia más o menos el 2008. La NASA planea lanzar otro Telescopio Espacial, el denominado
James Webb, un observatorio infrarrojo, en el próximo decenio. “Ésta es la edad de oro de la astrofísica”, dice Lawrenc.
National Geographic