viernes, 22 de diciembre de 2006


Hay libros a los que se acude una y otra vez, como se frecuenta un pozo en busca de agua. Libros que, escritos hace decenas o cientos de años, responden sin dificultad a las exigencias del nuevo paisaje. Entre esos figura Paradiso, novela que inicia a sus lectores en los misterios de la poesía.

Este año cumple cuatro décadas de haber aparecido, y para conmemorar tal aniversario Proceso presenta un apretado repaso de los avatares de ese libro, así como una apreciación crítica de Alberto Paredes y una entrevista con uno de los principales estudiosos de la obra de José Lezama Lima, el cubano Reinaldo González.

El 16 de febrero de 1966 llega a las librerías cubanas un tomo de 617 páginas impreso por Ediciones Unión con el título de Paradiso. Es una novela firmada por el poeta José Lezama Lima –entonces con 55 años de edad y renombre entre los lectores más enterados de las letras en lengua española–, cuyo primer capítulo se había dado a conocer en 1949, en el número 22 de la revista Orígenes.

“Muchos escritores –nos cuenta César López vía telefónica desde La Habana, uno de los primeros autores cubanos que se acercaron a Paradiso con una mirada clara e inteligente, y hoy uno de los grandes especialistas en la obra de Lezama– pensaban que no iba a terminar aquellos capítulos que había ofrecido previamente en Orígenes. Fue una gran sorpresa la aparición de la novela.”

Pero no sólo fue una sorpresa. De hecho, añade López, “cayó como una bomba, porque fue mal leída. Surgieron detractores que la atacaron por supuesta pornografía. Insistían en el capítulo Ocho, en el que veían un exceso de sexo, de homosexualidad. Desgraciadamente, en aquel momento muchas personas sólo leían ese capítulo y nada más. La verdad es que hay cosas sexuales, genitales, mucho antes del capítulo Ocho y, por lo demás, ¿cómo podía reducirse a una lectura así una obra tan maravillosa?”

Paradiso fue señalada como una obra contraria a la “moral revolucionaria”, marcada por una acentuada homofobia en aquellos días, y retirada de la circulación una semana después de haber sido publicada. Hoy día, un ejemplar de esa edición de 5 mil, que ostenta en la tapa un grabado hecho por el poeta y pintor cubano Fayad Jamís (muy ligado a México) es una rareza que en librerías virtuales alcanza un precio superior a los 500 dólares.

Para Lezama el absurdo reduccionismo desde el que los “defensores” de la Revolución apreciaron su libro debe haber representado un fuerte golpe anímico. No se conoce, sin embargo, ninguna carta en la que confíe su malestar a familiares o amigos.

Por fortuna, el fervor que Paradiso suscitará en Julio Cortázar –a quien Lezama envía la novela en marzo de 1966– compensará suficientemente la tribulación. Cabe recordar que para ese momento Cortázar ya ha leído un fragmento, como lo constata la carta que le escribe el 23 de enero de 1957:

“Querido Lezama Lima:

Hace dos años que tengo ganas de escribirle, pero soy un perezoso. Ahora la lectura del fragmento de Paradiso que he leído en Orígenes me exige mandarle en seguida esta carta, para que mi admiración por su obra no se me quede solamente en la memoria.

Hace dos años leí Oppiano Licario. Era la primera vez que leía algo de usted y me pareció espléndido. Hacía mucho que no encontraba en un texto en español tantas de las cosas que busco continuamente en textos ingleses o franceses. Paradiso me confirma la alta calidad de su escritura, y me parece de una elemental honradez decírselo y agregar que lo considero un amigo del otro lado del mar.”

Cortázar es, en gran medida, el responsable de la celebridad de Paradiso. La edición cubana le parece defectuosa, y a principios de 1967, al conocer a Neus Espresate, le propone que Ediciones ERA, de la cual es directora, publique el libro en México. (Tiempo después será él quien entusiasme a Gregory Rabassa y Didier Coste a traducir Paradiso al inglés y al francés, respectivamente, lo que hacen a partir de la edición mexicana.) Además, el despliegue afectuoso de Cortázar hacia Lezama –patente en diversas cartas a otro cubano: el influyente narrador Roberto Fernández Retamar, con quien también mantiene amistad estrecha– contribuye a que aquél sea tratado en Cuba con cierta deferencia, aunque no deje de juzgársele como un autor “elitista”.

A principios de 1968, Cortázar se da a la tarea, con Carlos Monsiváis, de corregir las galeras para que la edición de ERA sea la que Paradiso merece. Cortázar las revisa en Nueva Delhi (donde es huésped, por dos meses, de Octavio Paz) y Monsiváis en México. Ninguno dispone del original mecanografiado; sólo de un ejemplar anotado parcialmente por Lezama quien, según recuerda Monsiváis, prácticamente no contesta las consultas que se le hacen por correo sobre los problemas que ambos van enfrentando –el dato es relevante, como se verá.

Entre tanto, Ediciones La Flor publica en Argentina una segunda edición de Paradiso. Al principio Lezama se alegra porque le informan que tiene buen éxito de ventas, pero Cortázar le hace ver que se trata de una edición tan lamentable como la cubana.

A finales de agosto de 1968, ERA comienza a distribuir los 4 mil ejemplares impresos en Imprenta Madero. Diseñada por Vicente Rojo, la edición incluye una serie de ilustraciones realizadas especialmente por René Portocarrero para la portada y los interiores. Un mes después Lezama le envía una carta a Emmanuel Carballo –a la sazón editor en ERA– en la que le dice:

“Saboreo el Paradiso mexicano, en su impecable edición, cuidada por todos lados y hecha con una amistad generosa. Enseño el libro y me gana el gusto de todos. Es una edición que a todos nos engendra placer, por su artesanía, por la cantidad del más fino trabajo que atesora. La portada muy bella, los tipos convenientes, los márgenes adecuados, la deleitosa calidad del papel, todo ha contribuido a una edición donde está el verdadero Paradiso. Yo lo muestro orgulloso y reviso mil veces sus cuidados primores.

La vergonzosa edición argentina se hizo sin el menor uso cortés. No pidieron permiso, no cuidaron el texto, y, colmo y pasmo, todavía en estos momentos no me han mandado un solo ejemplar. Da tétano y desolación.

Le escribo a Cortázar mostrándole mi reconocimiento por la ayuda a la edición. Todos Uds. han hecho que se pueda leer Paradiso sin el sobresalto de las erratas, esos piojos de las palabras, como decía Flaubert.”

Hoy es bien sabido que Lezama hizo estos elogios movido por el afecto más que por la puntualidad, pues nunca revisó la edición que hizo ERA. El 25 de febrero de 1970 Lezama le envió una carta a Didier Coste señalándole: “la edición de Paradiso, hecha en La Habana, está llena de erratas. Pero la que yo le envié a la casa Seuil, está revisada cuidadosamente por mí. Después, para obviar dificultades, aconsejé que se utilizase la edición mexicana, la de la casa ERA, que es, supongo, sobre la cual usted trabaja. Yo creo que dado el cuidado con que se hizo, sus erratas deben ser pocas, aunque yo no la he leído, pues la revisión de la misma me fatigaría”.

A la luz de los trabajos que diversos estudiosos han realizado en torno del singularísimo estilo literario de Lezama, la edición mexicana ha sido criticada con cierta dureza, pues se dice que no sólo no expulsó las erratas de Paradiso, sino que le añadió nuevas. El poeta Cintio Vitier, coordinador de la edición publicada en 1988 en la colección Archivos, auspiciada por la UNESCO, ha señalado que, mientras la edición cubana tenía 798 erratas, la mexicana cuenta con 892, buena parte de las cuales afectaría seriamente la composición original de la obra, pues se trata de correcciones a problemas de redacción que eran inherentes a la escritura de Lezama.

Cortázar, en efecto, se permitió revisar la puntuación de Lezama en muchos casos, como se desprende de lo que escribe a Gregory Rabassa el 7 de agosto de 1969: “Me ha dado una gran alegría saber que serás el traductor de Paradiso, porque es un libro tan genial como endiablado y de a ratos mal escrito (el gordo no sabe puntuar, deja cosas en el aire, abre frases que no cierra…”. En cambio Vitier es partidario de “restituir al texto sus comas ‘respiratorias’, casi siempre adecuadas al ritmo conversacional y a los matices más peculiares del sentido”. 4

Se antoja casi imposible conciliar tal disparidad de criterios, pues en la propia Paradiso pueden encontrarse buenos argumentos para apoyar ambos, y la escritura, por naturaleza –pero especialmente la escritura de Lezama Lima– no tiene fronteras fijas.

“Quizá no se pueda establecer una versión final –nos dice César López–. Todas las ediciones de Paradiso tienen variantes, defectos que tal vez sean insalvables. Por ejemplo, la correspondencia entre Lezama y Julio Cortázar revela las confusiones. Cuando Julio le planteaba a Lezama dudas sobre la construcción –cuestiones de sintaxis o de semántica–, éste le daba explicaciones todavía más complicadas. Unos errores se corrigen y otros se repiten y ya hay que dejarlos así.”

Al contrario del mal poema, que Leza-ma define de manera escueta como “el que asoma la cabeza y se la cortan”, Paradiso es resistente a las erratas y demás problemas editoriales.

La segunda edición cubana, que se apega de manera minuciosa al original de la novela y aprovechó el trabajo hecho por el equipo encabezado por Vitier para Archivos, apareció en 1991. Increíblemente tuvieron que pasar 25 años para que Paradiso volviera a estar disponible para los lectores de la isla.

El periodista habanero Ciro Bianchi Ross ha escrito que el día en que la editorial Letras Cubanas presentó esa segunda edición hubo “Chillidos, gritos estentóreos, lágrimas y ataques de histeria –como en un concierto de rock en su punto culminante”. La gente materialmente se arrebataba los ejemplares y fue necesario realizar la venta “a través de una ventana protegida por barrotes”. Algo que le habría dado a Lezama un alegrón, para usar una expresión suya.

Este año Letras Cubanas ha preparado una nueva edición, conmemorativa del cuadragésimo aniversario de Paradiso, bajo el llano título de Paradiso, 40 años, que se presentará al público el próximo 23 de diciembre en el Instituto Cubano del Libro en La Habana.

¿Y a todo esto –acaso se pregunte el lector–, qué es Paradiso?

Paradiso –título que alude al hecho de que Cristóbal Colón creyó haber encontrado el Paraíso en las Antillas, lo mismo que a la infancia como espacio edénico y, por supuesto, al Paraíso de Dante– no es una novela convencional sino, para decirlo con César López, un poema-novela (“a Lezama le gustaba esa definición, porque para él el poema era lo más alto que se podía concebir en términos de creación, y se sentía feliz y orgulloso cuando se le señalaba esto”), a la vez testimonio de la historia de una familia, exposición de la formación de un artista, fresco de la Cuba republicana y colección de imágenes deslumbrantes. Acepta muchas lecturas. Todas parten de y vuelven a la poesía.

Al presentar unas páginas de Paradiso en la Revista de la Universidad de México (agosto de 1968), Carlos Monsiváis apuntó una frase que se antoja utilizar como descripción sintética: “exploración, conquista y asimilación integral de un idioma”.

Un prodigio de la literatura cubana y de la lengua española.


Revista Proceso
Publicado por OswaldoLilly @ 7:09
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