Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
En estos día habrá pocos post, como pueden entender. Lo mejor es desearles que se la pasen bien, que disfruten, que le entren duro a los blogs y… ¡Good Life!