Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
El chileno Cesar Matamala, desde 1999 realizó más de 2 mil compras en el portal estadounidense www.amazon.com, pagando con tarjetas de créditos ajenas y aún no emitidas, sin que el sitio web se percatara del delito, siendo bancos de todo el mundo quienes presentaron las denuncias de la estafa de más de 170.000 euros.
Durante 7 años, este chileno realizó diversas compras de objetos tecnológicos por medio de transacciones ilícitas, las que fueron descubiertas por la Interpol, que identificó al usuario rastreando la dirección IP de la computadora desde donde se realizaban las operaciones.
Detenido en la ciudad de Valdivia, X región, el Hacker señaló que lo hacía con el propósito de asumir nuevos desafíos. Estas ansias de desafío lo tienen en espera de un castigo que podría fluctuar entre 61 días y 5 años de cárcel.
Esta cuestión de los abusos y fraudes cometidos por los hacker, generalmente gente joven e inexperta en la vida, aunque bastante expertos en las cosas informáticas, se vuelve cada día más desagradable. ¿Una actitud de reto a los límites establecidos, un problema sicológico, o ambas cosas a la vez?
Yo no creo que ningún hacker, por muy joven que sea, no esté al tanto de que lo que hace es algo fuera de la Ley cuando comete robos o violenta cuentas de este tipo. Definitivamente está lesionando a terceros mediante métodos engañosos y fradulentos. Y es que la cosa es simple. A este mismo hacker yo le preguntaría: ¿Si tú fueras dueño de una empresa y alguien te timara de ese modo por Internet, no protestarías, no le enfrentarías denunciándolo y metiéndolo en la cárcel?
Va a ser que, como bien dice el dicho, nadie escarmienta en cabeza ajena.