Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
En un país en el que los “banqueros” siempre están a la espera de que el gobierno los rescate, no causa admiración el hecho de que la generalidad de los bancos estén en plena campaña publicitaria para “convencer” con mensajes subliminales al público para que adquieran una tarjeta de crédito.
Este fenómeno de las tarjetas, al que se ha dado en llamar “dinero de plástico” tiene su historia negra en México, y muchas familias (más de las que uno se imagina) están endeudadas de por vida con las instituciones bancarias pagando cada mes los intereses, los que en muchísimos casos, ya sumarizados, rebasan el monto de la deuda original.
Este ardid es en realidad el verdadero negocio para una banca que, habiéndose olvidado de otorgar créditos para el desarrollo y la inversión productiva, se ha dedicado a invertir su plata en un filón por demás explosivo: el consumismo a través de las tarjetas.
Diario Monitor ha publicado hoy que, pese a que el 75% de la población en México no tiene acceso a los servicios financieros, la cartera vencida de las tarjetas de crédito podría conducir en menos de dos años a una crisis inflacionaria que aumentaría los niveles de pobreza y la polarización social.
El economista Martín Abreu indicó que es difícil que las campañas emprendidas por los bancos para promover el uso del “dinero de plástico” en el pequeño comercio y mercados de abasto popular tenga resultados debido a las desmedidas comisiones que cobran los bancos a los usuarios de tarjeta.
Aseveró que en la liberalización de las tarjetas de crédito se ha perdido de vista que la estabilidad del peso frente al dólar es relativa y que el dólar se devalúa frente a otras monedas como el euro; que la tasa de desempleo aumenta; que el país se está desindustrializando y es poco productivo, lo que nos acerca a convertirnos en el corto plazo en una nación meramente consumidora y proveedora de servicios. Las tarjetas.
La combinación de estos factores sumados al apalancamiento de las tarjetas de crédito, que tienen una cartera vencida que rebasa los 12 mil millones de dólares podría conducir, en menos de dos años, a una crisis inflacionaria que exacerbaría la pobreza, el agravamiento social y la delincuencia.
En fin, que todas estas cosas han sido predichas por muchos que lo saben, que lo pueden ver venir, pero no se escuchan esas voces.
Así que a seguir endeudándose con las tarjetas, que al final, si no pagan los tenedores que se quemaron la lana habrá un rescate bancario que, después, tras una serie de manejos políticos, estaremos pagando con más deuda externa o con más carga impositiva.
Pero lo haremos los que no tenemos vela en el entierro. Así es la cosa en México.