Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
Hace pocos años, un equipo internacional de investigadores visitó el océano Pacífico y realizó perforaciones a cinco kilómetros bajo el nivel del mar, en busca de pistas sobre la historia climática del planeta. Los resultados excedieron sus expectativas.
Los científicos encontraron muestras impecables de microfósiles marinos otrora conocidos como foraminíferos. Los análisis que realizaron en el carbonato de las conchas de estos ejemplares —de entre 23 y 34 millones de años de antigüedad— revelaron que el clima de la Tierra y la formación y recesión de las glaciaciones en la historia planetaria tenían correspondencia con las variaciones de sus patrones naturales orbitales y los ciclos del carbono.
El interés que demuestran los especialistas en estas criaturas obedece a que provienen de la época del Oligoceno, tiempo en el cual la Tierra sufrió grandes descensos de temperatura.
"La continuidad y longitud de las series de datos que reunimos y analizamos, nos permitió hacer observaciones sin precedente de las complejas interacciones entre las fuerzas climáticas externas, el ciclo global del carbono y las oscilaciones de las capas de hielo", dijo Jens Herrle, especialista en micropaleontología de la Universidad de Alberta, en Canadá, y coautor del documento en que se da cuenta de los hallazgos.
El grupo de expertos también mostró cómo modelos simples del ciclo global del carbono, asociados con los controles orbitales de la temperatura global y la actividad biológica, posibilitan la reproducción de cambios importantes observados después de la era glacial ocurrida hace unos 34 millones de años.
En la primera mitad del siglo XX, el físico serbio Milutin Milankovitch propuso por primera vez que las variaciones cíclicas de la geometría Tierra-Sol podían alterar el clima terrestre, y que esos cambios podían descubrirse en los archivos geológicos del planeta, que es exactamente donde los investigadores buscaron.
"Esta investigación no está centrada sólo en el clima de hace millones de años. Comprender los eventos climáticos extremos a partir del pasado geológico nos permite crear modelos climáticos más afinados para entender los eventos presentes y futuros, así como la respuesta ante perturbaciones mayores del clima terrestre y del ciclo del carbono", concluyó Herrle.