Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
El represor argentino Luis María Mendía reconoció hoy ante la justicia su participación en los “vuelos de la muerte”, a través de los cuales fueron lanzados vivos al vacío opositores políticos durante la última dictadura.
El militar en retiro asumió ante el juez federal Sergio Torres la responsabilidad de las tropas que estuvieron a su cargo entre 1976 y 1983, el periodo en el que gobernó una Junta Militar. Mendía reconoció que cuando él fue comandante de operaciones navales durante la dictadura se firmó el Plan Capacitación contra Insurgencia Terrorista de la Armada Argentina.
En el documento se dieron instrucciones específicas a los militares para poner en marcha la lucha contra la subversión y se aprobó incluso la eliminación física a través de los aviones que, en vuelo, arrojarían los cuerpos vivos y narcotizados al vacío.
El vicealmirante en retiro, de 82 años de edad, se presentó ante el magistrado como parte de la “megacausa” de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que fue el mayor centro clandestino de detención y por donde pasaron unos cinco mil presos políticos.
La investigación forma parte de los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura que se reactivaron gracias a la anulación de las leyes de impunidad que durante 18 años cobijaron a los represores.
Ahora el comentario:
Con esta noticia uno no puede dejar de recriminar la lastimosa y miserable acción del terrorismo, de un terrorismo que a veces se da desde dentro, desde el aparato intestinal del Estado, un terrorismo que es peor que el otro porque está cobijado por “leyes y normas” de un país cualquiera. Habas, como sabemos, se cuecen en dondequiera.
Hoy, después de conocer estos horrores, uno no puede menos que condenarlos. Los “vuelos de la muerte”, se den en donde se den, son actos de terrorismo contra la libertad humana. Y los humanos no daremos el paso hacia una cultura moralmente mejor si no hacemos algo (todos juntos, sin que importen barreras y fronteras) para expiar esta clase de actos en contra de la humanidad misma.
Los militares que hicieron todo esto se han condenado a sí mismos, y de paso se convierten, como los terroristas, en las peores lacras con cerebro.