martes, 20 de febrero de 2007



A través de un ejercicio metanarrativo, el guionista Zach Helm, llevado de la mano del director Marc Forster, creó una maravillosa cinta (Más extraño que la ficción, EU, 2006): bonita y un poco cursi, pero sin perder el estilo, y sencilla sin llegar a ser simplona.

El héroe de la historia, o más bien antihéroe, Harold Crick (Will Ferrel), es un contador del fisco estadunidense cuya vida está fríamente calculada, desde el número de cepilladas que da a sus dientes hasta los pasos para llegar al autobús, o sea, el tipo es un verdadero autómata, con un halo de inocencia que lo salva de ser chocante y repulsivo; más bien Harold es tierno.

La vida de Harold cambia cuando, en primer lugar, descubre que hay una voz que está narrando cada una de sus acciones, las cuales son sumamente predecibles, y en segundo lugar, cuando conoce a la activista Ana Pascal (Maggie Gyllenhaal), dueña de un pequeño café, una mujer totalmente espontánea.

Vamos primero con la chica: resulta que esta mujer ha evadido algunos impuestos con el pretexto de que no está de acuerdo en que el gobierno use su dinero para fines bélicos. Harold tratará de ayudarla, principalmente porque le gusta, aunque ella no está dispuesta a ceder. Y en cuanto al problema de la voz, Harold acude con un maestro de literatura para que le ayude a descifrar su problemática narrativa.

Mientras todo esto le ocurre a Harold, tenemos otra historia, la de una escritora llamada Kay Eiffel (Emma Thompson), que se encuentra atorada en su más reciente novela, la cual debe entregar lo más pronto posible a su editor. Uno de los problemas que enfrenta Kay es que no sabe cómo matar a su protagonista.

Es probable que desde un principio, el espectador descubra la relación que hay entre ambos, pero lo interesante aquí es el cómo, no sólo de la relación entre Harold y Kay, sino también el las situaciones que enfrenta éste, es decir, cómo va a descifrar el misterio de la voz narradora y cómo descifrar a Ana. Y a la vez, uno debe descifrar qué pasa con la vida de Harold en términos narrativos, es decir: ¿Es una comedia? ¿Una tragedia? ¿Una farsa? ¿Una historia de amor?

Salvo por algunos trucos visuales, meros guiños al espectador, e interpretaciones sobrias, pero efectivas, podemos decir que la obra básicamente se sostiene gracias a los nudos de la trama, los cuales se estiran y se aflojan conforme pasa la cinta, pero no se desatan hasta el mero final.


Revista proceso

Tags: Cine, ficción, cartelera

Publicado por OswaldoLilly @ 16:30
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