Veinte años con la misma serie y 68 millones de copias en todo el mundo no son habituales. Final Fantasy, una de las franquicias más longevas del videojuego, estrena estos días su entrega número 12 --si se cuentan solo los títulos grandes-- y la 24 si se le añaden las continuaciones y refundiciones-- con la perspectiva de más títulos para Playstation 3, Wii y móviles. Pocos videojuegos tienen una película, novelas y cómics manga en su haber, más una línea de productos y una emisora de radio en internet solo para sus bandas sonoras.
"¿Qué más se puede hacer para un título que lleva 20 años? Bueno, cada juego es diferente. En el fondo, Final Fantasy es la manera de denominar un estilo de hacer juegos de la empresa Square Enix, porque cada producto tiene su propio argumento", explicó Hiroshi Minagawa, uno de los directores de la serie de juegos de rol. Sin embargo, sí puede hablarse de una combinación de romanticismo, luchas, amistad y magia, que ha pasado desde los cartuchos de la primera consola de Nintendo (la Famicon) a los DVD de la Playstation 2 de Sony y que llegará a los Blu-Ray de la Playstation 3.
Pero Final fantasy va ligado a un nombre, Hironobu Sakaguchi, el legendario productor de la saga, que dejó Square en el 2003, tras fundarla 20 años antes. El productor, que fue la tercera persona en recibir el Oscar de los videojuegos en el 2000, se desvinculó del producto tras el estrepitoso fracaso de la película Final Fantasy, el primer filme de animación con actores virtuales y la producción del género más cara de la historia, que no se vio recompensada en taquilla y que sumió a Square en una crisis.
Sakaguchi creó su propio estudio, Mistwalker, para quien este año estrenó su primer producto en Japón, Blue Dragon, que no llegará a Europa hasta junio para Xbox 360. Su gran apoyo, frente a la exclusividad de Square con Sony y Nintendo, fue Microsoft, que buscaba -y sigue en ello- apoyos para hacer triunfar su consola Xbox en Japón.
Pero Final Fantasy está acostumbrada a la dificultad. Se llamó así porque nació en un momento de tanta complicación financiera para la firma que Sakaguchi la bautizó pensando que iba a ser su último juego. Este carácter de epígono podría explicar el aire épico en las luchas con espadas que han enganchado a muchos jugadores, y que ha sido imagen de Coca-Cola en Japón, donde se han vendido dos millones de copias solo el primer día.
La gracia de la saga de rol es que el juego no siempre es el mismo, aunque parta de una base común. Final Fantasy comenzó siendo la historia de cuatro personajes fantásticos, los guerreros de la luz, que tienen el reto de salvar el mundo ante la acción de unos malvados, los amigos del caos. Sobre estos, se va tejiendo un mundo irreal en el que hay poderes, extraños territorios, criaturas malvadas, una lengua propia y unas habilidades que hay que aprender y desarrollar, y que varían a cada episodio. También el grupo inicial, que se ha convertido en un protagonista único, en parejas, en tríos... o incluso en el alter ego del jugador.
Fue un fenómeno exclusivo de Japón hasta la séptima entrega, la primera traducida en Europa y que recuperó los juegos anteriores. Desde entonces, ha adquirido mejoras técnicas gracias a los cambios de plataforma y a la enorme habilidad de sus programadores, que han llevado las capacidades de las máquinas al límite.
La entrega 12 incluso saca un sorprendente partido a la Playstation 2 cuando los juegos de alta definición ya son una realidad.
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