sábado, 05 de mayo de 2007


Bueno, primero la nota.

En Salamanca, Guanajuato, una gigantesca "bola de fuego", cuyo origen se desconoce, cayó sobre la escuela telesecundaria de la comunidad de la capilla
y tras esta ocurrió una explosión que dejó materiales en el plantel y viviendas aledañas. El hecho ocurrió a las 6:10 de la mañana de este viernes, poco antes del horario de entrada, informó la Dirección de Protección Civil.

"En medio de una alarma colectiva, vecinos del poblado reportaron el hecho a la línea de emergencias 066. Una bola de fuego aplastó la escuela, parece que fue un trueno", resumieron.

Elementos de la dependencia civil tendieron un cerco en las inmediaciones del plantel educativo, en tanto que peritos supervisan la zona afectada para determinar que provocó los daños.

De acuerdo con el reporte inicial de daños: una aula se derrumbo, hay techos y paredes colapsados y se reventaron los vidrios de las ventadas en viviendas aledañas, en tanto que pupitres y material escolar quedaron sepultadas. Hasta el momento no se han identificado rastros de ceniza, aunque los vecinos sostienen que vieron el fuego.

Personal de contingencia del municipio explicó que se suspendieron las clases, debido a que los maestros tenían una capacitación.

La dependencia evitó dar más detalles sobre el hecho.


Ahora el comentario:

Bien.. Lo único que han dicho las autoridades es que podría tratarse de una falla geológica. ¿Falla geológica?

No sé por qué esta noticia me ha llevado a reflexionar sobre las cosas que Charles Fort publicó alguna vez en su Libro de los condenados. Esos hechos malditos, como él mismo los nombra, están documentados por la prensa de su tiempo en todo el mundo, sólo que en apariencia no tienen explicación. Leamos esta crónica:

“Volando hacia Elko, Nevada, en una misión de rutina para reabastecer en vuelo a bombarderos B47, el 16 de junio de 1960, un avión cisterna KC-97 de las Fuerzas Aéreas americanas encontró una capa de nubes a 5.500 metros de altura.

El piloto observaba el panel de instrumentos cuando se vio sorprendido por una bola luminosa de color blanco amarillento y unos 45 cm. de diámetro que atravesaba silenciosamente el parabrisas. Pasó entre los asientos del piloto y del copiloto y recorrió la cabina, después de pasar junto al navegante y al ingeniero.

El piloto ya había sufrido el impacto de un rayo en dos ocasiones anteriores, y supo que la explosión era inminente. Su reacción inmediata de aviador experimentado fue concentrarse en el vuelo, antes de volverse y mirar cómo la bola se dirigía hacia la cola del avión.

Después de unos segundos de angustioso silencio, los cuatro hombres que iban en el compartimiento de vuelo oyeron por el intercomunicador la voz excitada del encargado del abastecimiento, que estaba instalado en la cola del avión. Una bola de fuego había llegado rodando a través del compartimiento de carga, había danzado sobre el ala derecha y había caído sin causar daños.

Este extraño informe se refiere al fenómeno de la bola luminosa, uno de los muchos fenómenos naturales que la ciencia no puede explicar. De hecho, las propiedades de las bolas luminosas son tan difíciles de explicar que, durante años, los hombres de ciencia dudaron de su existencia. Su punto de vista era tajante: si algo no tiene explicación, no existe.”.

Hasta aquí la crónica.

Para quien quiera hacer uso de la lógica, –esa que siempre nos lleva a suponer que los hechos raros e inesperados deben tener siempre una explicación lógica–, podría pensarse que, tal como están los tiempos en México bien pudo tratarse de un obús lanzado con algún tipo de armamento, digamos un cañón o algo parecido, por parte de grupos sociales inconformes.

Y siguiendo la misma lógica, el hecho hasta se podría atribuir a algún tipo de reacción violenta por parte de grupos armados, de gente del narcotráfico o hasta de personas molestas con la realidad que vive el país, antes que buscar las verdaderas causas que provocaron la destrucción material.

No sabemos todavía lo que dirán los peritos, pero si hablamos con franqueza podemos intuir lo que más o menos explicarán: tratarán por todos los medios de ocultar la realidad diciendo lo que más les “conviene”, un argumento que “tranquilice” a la sociedad. O tal vez, ante la inutilidad de hallar una explicación lógica, se nos invente un dichito con sentido para acallar las dudas.

Pero para ser sinceros, digamos que este suceso podría quedar inscrito en la última páginas de Libro de los Condenados de Fort, aunque muchos sonrían al leerlo.

Más allá de cualquier duda, sin embargo, el hecho está ahí y es innegable.

¿O no?

Tags: bolas de fuego, aerolitos, meteoritos, lluvias fugaces, estrellas

Publicado por OswaldoLilly @ 22:17
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