El inopinado debut de la señora Rosario Robles en la obra Monólogos de la vagina me parecería loable si no fuera por una extraña coincidencia de corte político que aconteció justo el mismo día de su lanzamiento como actriz: la sospechosa liberación de su antigua pareja sentimental, el creador de “vídeos comprometedores” Carlos Ahumada, el argentino que vino a México a transar con políticos.
Al parecer todo apunta a que este rollo no fue de ninguna manera casual, sino todo lo contrario. En México, como vemos, todo parece fraguarse por debajo del agua para dar golpes mediáticos, para obtener beneficios personales o de grupo que, como en este caso, vuelvan a la palestra el casi olvidado nombre de Rosario Robles (a ver con qué tintura nos sale ahora la señora) y, desde luego, el retorno por sus fueros de Carlitos Ahumada, no sabemos todavía en qué otros negocios.
Sobre el asunto de la liberación de Ahumada se dicen cosas no tan increíbles, como que es un favor político que le debía Diego Fernández de Cevallos, otro “prócer del arribismo y el tráfico de influencias” que lleva décadas montado en el caballo del poder (por no decir montado en la “silla”), desde donde se ha hecho multimillonario haciendo y deshaciendo, y hasta litigando incluso en contra del mismo gobierno que debía defender en su calidad de diputado o senador.
Para nada se podría dudar a estas alturas que la señora Robles tenga el talento histriónico suficiente para actuar en los Monólogos de la vagina, como tampoco se duda de que ese mismo talento le haya servido en muchos otros géneros de actuaciones políticas. En su vida personal no se vale meterse, eso está claro, pero sí hay que decir lo que se piensa cuando las coincidencias llaman a sospecha, como en el caso de los Monólogos….
Deudas políticas, pago de facturas (como el sonado tema de la nueva ley del ISSSTE, que le pone en la torre a los maestros que aún no se jubilan), extraños montajes, obras de teatro populares, y toda esa parafernalia que vemos surgir cada día en nuestro país como si se tratase de “la tierra de nunca jamás”, son nuestro pan de cada día. Ya nada extraña, por Dios.
La cosa era dar el golpe, esta vez sin vídeos. La cosa era utilizar, por un lado, un escenario popular, el teatro, y al mismo tiempo otro más: el del ministerio público. Todo el mismo día. ¿Coincidencias?
Saludos, doña Rosario, y felicidades por sus Monólogos…. Sin ir más allá (la vida privada siempre es privada cuando uno no la ventila afuera), le pediría que no nos siga aventando señales de humo…porque se le podrían ahumar.
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