Transformar a un príncipe en una rana no es nada extraordinario y se consigue con relativa facilidad. Cualquier malhumorado jefe de sección lo lleva a cabo a diario. Pero transformar a una rana en un príncipe, eso exige en alto grado arte o magia, o amor.
“Sí hay que hacer análisis antidoping, pero no a los estudiantes.
El dopaje está en otras esferas.”
Rayuela / La jornada
Bueno, primero la nota:
El titular de la Procuraduría General de la República, Eduardo Medina Mora, afirmó que "si uno compara del primero de diciembre de 2006 al 10 de junio de este año, es decir, los primeros siete meses de esta administración, y el número idéntico de días previos al inicio de estos operativos, es decir, hasta el 30 de noviembre (de 2006), tenemos un aumento en las ejecuciones de 10.7 por ciento".
Al participar en el foro denominado El Economista, organizado por la consultoría Deloitte, Medina Mora refirió que la disminución de la espiral de violencia que se ha vivido en México en los pasados dos años "es resultado, precisamente, de la acción del Estado. Nosotros no tenemos ninguna evidencia, ningún indicio de un arreglo o pacto entre delincuentes y criminales", como se ha mencionado en días recientes.
El funcionario planteó ante empresarios que "el resultado de los operativos (contra el crimen organizado) sólo puede medirse en verdad cuando la población de esa zona (afectada por la violencia) recupere la percepción de normalidad que les ha sido arrebatada, precisamente, por esta expresión de violencia".
Ahora el comentario
Con todo el respeto que me merece el señor procurador, yo le diría algunas cosas que seguramente estamos pensando todos aquellos que hemos leído sus declaraciones.
En primer lugar querría decirle como ciudadano que el serio tema de la violencia en México y sus consecuencias terribles no tiene nada que ver con conceptos abstractos como el de “la percepción de la gente”. La violencia en México es real, señor Medina, no entiendo como es que usted, siendo el procurador de México, no alcanza a “percibirla” tal cual.
Pregunta: ¿Se trata de salir al paso para intentar calmar los ánimos sociales, el temor de los mexicanos, la gran crisis de desconfianza hacia las autoridades por lo que está haciendo con esos operativos? ¿O se trata de una declaración más tan sólo porque hay que declarar algo en un foro cualquiera?
Bien. La violencia en las calles, señor procurador, es más que evidente, claro, para los ciudadanos que transitamos por ellas. No es en lo absoluto un asunto de “percepción”, perdóneme usted. Tal vez usted desde su oficina, o cuando sale rodeado de cuerpos de seguridad, o cuando vuela en aviones o helicópteros, no la “perciba” tal cual, pero nosotros, los que no tenemos manera de protegernos como usted, nos vemos obligados a vivirla tal como es, con sus riesgos y su crudeza; nos vemos obligados a ver la demente imbecilidad de que los hombres disparen contra otros hombres, contra mujeres, contra niños, contra ancianas…
Vemos todos los días, señor procurador, asesinatos públicos, ataques callejeros arteros, gente de diferentes lugares bien armada que ataca con armas de grueso calibre en contra de otra gente. A veces mueren inocentes, ciudadanos que “iban pasando por ahí”, o personas que estaban en el lugar “menos indicado”. Ríos de sangre han corrido por las calles del país, hemos visto decapitaciones, cadáveres arrojados en la puerta de alguna oficina pública, policías desarmados, cantantes asesinados, y un promedio asombrosamente escalofriante de muertos por día que ya debe estar brillando en el libro de récord Guinness, para vergüenza de los mexicanos.
¿No son esas las estadísticas que debían interesar a las autoridades?
Y seguimos siendo testigos de la impunidad, de la ineptitud de la policía, de la corrupción de los mandos, de los jefes, de los militares, de todos esos que trabajan ahí. Pero sepa usted que otra vergüenza más para nosotros ya no pinta. Otro palo a la perra no creo que la mate.
No es cuestión de estadísticas, señor procurador, no es cosa de comparar, y mucho menos de “percibir”. Aquí afuera, donde todos nosotros nos movemos, también hay una realidad incuestionable. No podemos andar mirando las gráficas en medio de los tiros, ni tampoco comparando los períodos de gobierno atestados de números alegres, cifras de ciencia ficción.
Estamos en México, ¿no? ¿Y acaso no es eso lo que importa?
¿Para qué las estadísticas? ¿Por qué pretender negar la realidad? ¿No sería mejor reconocerla y ser eficaz?