Las dos principales televisoras comerciales de México, TV Azteca y Televisa, le apuestan todo a los reality shows para cautivar más público, un género desgastado que realizan sin una novedad y sin calidad.
En el Canal 13 de TV Azteca se proyecta High school musical. Ahí compite un grupo de adolescentes para protagonizar la película del mismo título que filmará TV Azteca y Disney en español. La dirigirá Kenny Ortega y el guión es de Peter Barsocchini.
Llama la atención que el director del área de entretenimiento de la televisora de Ricardo Salinas Pliego, Guillermo Zubiaur, diga que no es un reality show, sino un real tv. Es lo mismo. Esa televisora se ha dado cuenta que éste género televisivo está desgastado y es muy repetitivo, y por eso le llama real tv.
En la pantalla se ve con claridad que es un reality más. Además, no es una propuesta televisiva nueva. Es el mismo formato de los concursos musicales que ellos mismos han transmitido en los últimos años. Incluso, se realizarán las versiones latinoamericanas, en Argentina y Brasil.
En el “Canal de las Estrellas”, de Televisa, pasa el programa Buscando a Timbiriche... la nueva banda. Aquí también concursan jóvenes para conformar la agrupación pop de la nueva generación.
El grupo musical, donde surgieron Thalía y Paulina Rubio, nació en 1982 y se desintegró en 1999. En éste año, Alix, Benny, Diego, Erick, Mariana, Sasha, decidieron juntarse para grabar un disco y presentar conciertos. Y Televisa les hace un reconocimiento con el reality. No es interesante. No hay calidad. Cantan, si así se le puede llamar, los periodistas de esa televisora que cubren espectáculos. Los que participan en ese proyecto caen en el ridículo. No hay profesionalismo.
Las dos emisoras se han estancado en éste género, pero lo peor es que no lo hacen bien. Esos programas no entretienen, no emocionan, no informan, no aportan nada y, sobre todo, no son elaborados con calidad. Parece que no respetan al televidente porque no hay pasión. Todo está armado para hacer escándalo y morbo, como si detrás de la pantalla chica los estuviera viendo una persona que no piensa.
No existe un guión bien definido y, por ello, caen en lo mismo: chismes, amarillismo, relaciones amorosas... No son ni siquiera buenos concursos musicales. Es una pena. Es más, han deformado el reality show. Incluso, se nota que los concursantes son manipulados por las televisoras. Es decir, hacen lo que las empresas quieren y no son libres de mostrar realmente su creatividad. Los controlan. Les ponen reglas ridículas.
En el reality show se muestra lo que le ocurre a “personas reales”, en contraposición con las emisiones de ficción donde se muestra lo que le ocurre a personajes ficticios (siempre protagonizados por actores). De ahí su efecto de realidad.
Existen tres tipos de reality:
-Observador pasivo: la cámara observa pasivamente las actitudes de una persona o de un grupo de gente.
-Cámara escondida: la cámara observa personas que ignoran que son filmadas. Suele utilizarse en programas que hacen bromas.
-Concurso de telerrealidad: En este tipo de programas un grupo de personas compite en un ambiente cerrado por un premio.
Este género televisivo tuvo éxito por los cambios que ha habido en las últimas décadas en la sociedad: la perdida de credibilidad de los políticos; la mala situación económica; el distanciamiento entre electores y elegidos, y la inflación informativa.
El televidente los ve porque no tienen opción y porque, además, es lo único que lo hace escapar de sus problemas. Sin embargo, ya no le retroalimenta o entretiene al 100%. Llegó la hora de que el público exija y reclame una mejor programación televisiva.
¿O no?
Revista ProcesoTags: Reality shows, TV Azteca, Televisa, Revista Proceso