Científicos en Estados Unidos
afirman que modificaron genéticamente un tipo de maíz utilizando ADN sacado del estómago de una
vaca para producir biocombustible.
Según los
investigadores la variedad de maíz que crearon produce mayor cantidad de etanol
que las ya existentes, y esperan introducir la especie en los próximos años.
Desde hace
mucho tiempo en EE.UU. se ha utilizado el maíz para producir combustible
biológico.
Pero sólo
son las semillas de la planta las que contienen los azúcares que posteriormente
son fermentados para convertirlos en biocombustible.
Es por eso que un grupo de científicos de la Universidad de Michigan ha estado explorando la forma de utilizar todos los elementos de la planta para convertirlos en combustible sin necesidad de usar químicos.
Solución estomacal
La
respuesta al dilema reposa en el estómago de la vaca.
Estos
animales son especialistas en convertir los vegetales en azúcares gracias al
trabajo de una enzima especial ubicada en el estómago vacuno.
Los
investigadores tomaron el código genético de la enzima y lo introdujeron en una
célula de la planta de maíz.
El
resultado es una máquina vegetal genéticamente modificada que produce azúcares
para bíocombustible en el tallo, las hojas y los granos.
Pero eso no
es todo. Según Mariam Sticklen, quien lideró el proyecto, la técnica puede ser
aplicada en otro tipo de plantas y eso aumentaría dramáticamente la oferta
mundial de combustibles biológicos.
"Es
una gran tecnología pero el problema son los suministros. No tenemos
suficientes cantidades de granos de maíz para producir el etanol que
necesitamos, y cuando digo necesitamos no me refiero a EE.UU. sino a la demanda
mundial", dice Sticklen.
"Por
lo tanto lo que hemos logrado con el maíz podríamos hacerlo con otras
plantas", comenta.
¿Pero acaso
esta mezcla genética de animales con vegetales no es peligrosa? ¿Y cómo se
evitará que esta enzima vacuna no contamine los suelos u otros cultivos?
Sticklen
asegura que la nueva variedad de maíz es segura y que la enzima se produce solo
entre las hojas y el tallo de la planta, más no en los granos, raíces o el
polen.
La
investigadora espera que la nueva variedad empiece a producirse en los campos
estadounidenses dentro de cinco años, tras las aprobaciones legales.
BBC Mundo
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