La gente suele aceptar e incluso recompensar a los hombres disgustados, pero las
mujeres que pierden el control sobre su temperamento son vistas como “menos
competentes”, determinó una investigación publicada en marzo en Psychological
Science.
Los
sicólogos Victoria Brescoll y Erich Uhlmann, de las Universidades de Yale y
Northwestern, respectivamente, completaron tres estudios separados donde
evaluaron dicha actitud, común no sólo en EU (donde lo ha sufrido la
precandidata presidencial Hillary Clinton) sino en otros países.
En las
evaluaciones se convocó a grupos de varones y mujeres para observar videos de
actores en escenas donde solicitaban empleo. Luego se les pidió calificar a los
candidatos sobre si deberían ser contratados, cuánta paga y responsabilidad
debería dárseles y qué tan competentes podrían ser.
Todos los
entrevistados llegaron a las mismas conclusiones: los hombres enojados fueron
considerados como más competentes, merecedores de un salario y estatus más
alto, en comparación con las mujeres enfadadas.
Sin
embargo, cuando los actores/candidatos al empleo expresaron tristeza, los
prejuicios de sus evaluadores fueron menos evidentes, pues calificaron a las
mujeres solicitantes en un nivel igual a los varones en estatus y competencia,
mas no en salario.
Después,
Brescoll y su colega compararon las calificaciones dadas a solicitantes
enfadados en comparación con quienes no exhibieron emoción alguna. Esta vez los
actores buscaban un trabajo de menor estatus. Los resultados de la primera
prueba fueron reproducidos: los hombres recibieron una mejor calificación.
“Una mujer
enfadada pierde estatus, sin importar su posición”, afirmó Brescoll, quien
trabajó como congresista en la oficina de Clinton en 2004.
Un estudio
final demostró que los prejuicios hacia la mujer podían mitigarse cuando las
actrices exponían el motivo de su enfado, pues los evaluadores tendían a ser
más benévolos con ellas. Pero cuando los hombres explicaban las razones de su
enojo se sentían heridos.
“Quizá
—señaló la sicóloga— porque los observadores tendían a ver la explicación como
signo de debilidad.”
Además de
mostrar estas diferencias de género, la investigación consigna una serie de
recomendaciones prácticas para que las mujeres puedan desenvolverse y manejar
sus conflictos emocionales en los lugares de trabajo. Brescoll subraya que es
redituable que ellas se mantengan emocionalmente neutrales y, en caso de no
lograrlo, por lo menos expliquen en primer término por qué han perdido el
control. Algo que, desafortunadamente, no se requiere a los varones.
Science(El Universal Online
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