Vale.
Bueno, luego de una larga semanita sin publicar, pos aquí estamos de regreso.
Y hay que decir que Bogotá es un encanto, la verdad. Más allá de los trances caricaturescos que uno pasa a veces en los puntos de transbordo, como me ocurrió a mí hasta en dos ocasiones en el aeropuerto de Panamá (donde los empleados portuarios por cierto se ven bastante displicentes y faltos de atención con el viajante), el premio fue conocer Bogotá.
Fuera de los aglomeramientos vehiculares, la ciudad es realmente un encanto, aunque ya sabemos que aquí en México el tráfico es peor que allá.
Y lo mejor de todo, aparte del agradabilísimo clima, la sorpresa grata fue conocer a los colombianos, sí, a los de Bogotá. Son realmente generosos y atentos con los mexicanos y no me puedo quejar.
Y pues hice amigos y amigas, cómo nop, así que ya tenemos invitación para volver y es seguro que lo haremos para celebrar un encuentro intercultural con aquellos hermanos de sangre, los latinoamericanos de Colombia, a quienes desde aquí envío y saludo desde lo más hondo de mí, con todo y corazón.
¡Ah, Colombia! Desde ahora te llevo en la sangre.
Así sea. Tags: Colombia, Bogotá, turismo