National Geographic
ha publicado hace poco lo siguiente:
“Los ojos egipcios están de moda otra vez, con celebridades
que delinean sus párpados como Cleopatra. La finalidad siempre ha sido que los
ojos resalten.
En el antiguo Egipto, sin embargo, mejorar la apariencia
también tenía un significado espiritual. Una peluca lujosa endurecida con cera
de abejas, por ejemplo, era un símbolo sexual poderoso que vinculaba a su
portador con Hathor, la diosa de la
belleza.
Es probable que la pintura de ojos verde, o wajdu, sirviera para invocar su
protección.
En la muerte, los cosméticos creaban un aspecto fértil y
juvenil, considerado esencial para renacer en el más allá. Usado tanto por
hombres como por mujeres, el maquillaje quizá tuvo además beneficios
terrenales.
El delineador de ojos negro –conocido como mesdemet en la antigüedad y kohl, del árabe, en la actualidad–, se
dice que repelía a las moscas, eliminaba los reflejos del sol y contenía
sulfuro de plomo y cloro, que actuaban como desinfectantes (no ha perdurado
evidencia alguna de ningún efecto tóxico del plomo).
Los aceites y las cremas aromáticos conservaban la humedad
de la piel; algunos se daban, incluso, como sueldo.
También había muchos remedios contra las arrugas, quizá de
resultados tan cuestionables como los de hoy.”
Hasta aquí la nota.
Ahora mismo estoy recordando por cierto un descubrimiento arqueológico
relativamente reciente en el que se documentó que Jezabel, una de las reinas más
influyentes en el reino del Israel antiguo, usó en efecto maquillajes de
diversos colores y procedencias para sus rituales religiosos.
Los textos bíblicos consignan que esta reina fue una fiel adoradora
de Baal y Ashtoreth, y que durante el reinado de su marido Acab se hacían
sacrificios de niños en los lugares altos de Samaria.
Una caja emblemática de piedra que acredita el uso de estos
maquillajes y colorantes fue encontrada en un cuarto de marfil que el propio
Acab construyó, y de cuya procedencia ha quedado constancia escrita en los Libros
de las Crónicas de los reyes del Israel antiguo.
De manera que esta práctica es tan vieja como el antiquísimo
oficio de vender el cuerpo al mejor postor.
Vale.
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