sábado, 27 de septiembre de 2008


Anoche, mientras miraba una entrevista en la TV sobre el tema del terrorismo desbordado en México, reflexionaba en cómo fue que México, nuestra querida Suave Patria, antes tan tranquila y trabajadora pudo caer en este pozo de podredumbre y corrupción en que nos encontramos hundidos.

Para empezar soy de los que piensan que no sirve de nada ocultar la realidad, pues ésta salta a la vista. México tristemente está viviendo su propia pandemia y es más que seguro que nos lo merecemos.

Se niega la sociedad a aceptar esta realidad, pero es así. No hemos hecho nada los ciudadanos, nunca hicimos nada para evitarlo. Vimos a los políticos robar y no dijimos nada. Vimos a las autoridades abusar, y no actuamos.

Si las autoridades se corrompían cerramos siempre los ojos. Veíamos cómo los policías, los agentes de tránsito, los funcionarios públicos, el que atiende la ventanilla de la oficina del impuesto nos cobraban la “mordida”, y siempre la pagábamos. Era como un juego. “No creo que dañe a nadie”, pensábamos. Pero estábamos gestando cada día el presente que hoy tenemos. Todo tiene consecuencias.

El supuesto “precio pagado por la agilidad de un trámite”  nos ha costado demasiado caro. Por algo se empieza.

Luego fueron los trámites judiciales en juzgados con secretarios, jueces y abogadillos los que se convirtieron en “aduanas automáticas” donde, o pagabas un precio o tu trámite simplemente no caminaba.

Lo peor fue cuando la justicia comenzó a venderse al mejor postor. Alguien delinquía pero podía ser exonerado si pagaba un determinado cochupo al juez, y de paso, tasajeaba también al corrupto abogado que, en el colmo del cinismo,  se ufanaba de ser el más capaz para sacar a sus “clientes” de la cárcel. Así se fue matando poco a poco la verdadera ética de servicio puro.

Los gobernantes por su parte, y los partidos políticos, se metieron en la vorágine del engaño y la manipulación haciendo a un lado la ética y la vergüenza, y  en un lapso de tres décadas se fue consolidando una nueva cultura de “hacer política” en las cámaras donde los beneficios de las alianzas siempre apuntaban a intereses y bolsillos de quienes las promovían, a los grupos de poder financiero, a los grupos políticos, a los partidos y a los mismos gobernantes.

Se había encontrado la forma de robar y saquear al país “por medio de la Ley” con el simple hecho de aliarse y votar en las cámaras… y dar cerrojazo a las querellas de la verdad.

Todo este marco grosso digamos que fue el contexto mexicano de vida en que se gestó, con concomitancia asombrosa, la nueva estructura del narcopoder que, desde hacía décadas por supuesto, ya estaba buscando incrustarse en la sociedad. Factores estructurales sobraban, pero le faltaban espacios sociales. Y nosotros, la sociedad, se los dimos.

El trasiego de drogas de Colombia y Brasil principalmente hacia los Estados Unidos, el mayor país consumidor, ha existido desde hace mucho. Pero antes eran sólo eso, corredores de drogas.

Y sabido es que México es el trampolín. ¿Qué fue lo que sucedió? Las nuevas generaciones de “burros” comenzaron a interesarse por la comercialización alentados por el dinero y por toda esta atmósfera de corrupción que encontraron abierta a sus ojos y a sus intereses.

Sabían que era fácil que las autoridades los dejaran pasar a cambio de dinero, y fue así como el tráfico se acrecentó… y también muchas fortunas “oficiales”. Ahora los “burros” estaban creando su propio mercado, ellos lo hicieron así. Comenzaron a cobrar su “trabajo” en especie y de esta forma multiplicaron sus beneficios y su poder.

Y el mercado en ciernes estaba ya preparado para que “su producto” encontrase consumidores ansiosos de vivir lo que la cultura del narco ya anunciaba a los cuatro vientos a través de los “narcocorridos“: que el dinero da el poder, y que el poder te puede hacer amo y señor del mundo. Bonito engaño digno de una mente diabólica y reprobada.

Y tampoco hicimos nada.

Vimos que las discotecas donde iban los jóvenes a divertirse comenzaron a llenarse de traficantes y supimos que ahí se estaban consumiendo drogas. Pero tampoco hicimos nada. Siempre callamos. No pensamos que las cosas llegarían a tal extremo, tal vez.

Y pasaron los años. ¿Resultado? He aquí toda una generación de chicos sin experiencia pero cargados de ilusiones estimuladas por el modus operandi de la cultura “narco”. Todos ellos experimentaron con cocaína y demás basuras enervantes sin que nosotros hiciéramos nada para evitarlo.

A las autoridades ni las menciono, pues estas desde el principio se convirtieron en promotoras de lo mismo. Su lema siempre ha sido: “Mientras yo pueda robar, no me interesa lo que los otros hagan”

Comienzan a surgir entonces los grupillos armados, que se van entrenando y envalentonando a medida que se intoxican, y como resultado de la impunidad. Y el problema crece poco a poco a dimensiones exponenciales.

Así se forjan los Zetas y las organizaciones criminales auxiliares de los cárteles. Era muy natural que ante un mercado creciente y tan jugoso donde se mueven miles de millones de dólares, pronto comenzaran a surgir los problemas y diferencias por el reparto del pastel. Y aquí es en donde nos encontramos justamente.

¿Cuál ha sido el error del gobierno?

El error del gobierno ha sido no cambiar primero él mismo, no mirarse para dentro. No se puede combatir algo hacia afuera si tú no lo combates primero en ti mismo, si no lo reconoces. Esta asepsia era necesaria.  Pero también fallamos.

Y ante los errores estructurales, hoy pagamos las consecuencias.

Se vive un chulo clima de caos y muerte, de controversias y engaños, de manipulaciones y fabricación de víctimas, de asesinatos, homicidios, de pruebas falsas, de blof, de marchas, de reuniones de seguridad y de rollos periodísticos, porque hasta la misma prensa está metida en esta inmensa red de corrupción social perversamente amañada.

Y aquí estamos los mexicanos, expuestos e indefensos en medio de toda esta tormenta de violencia absurda que no parece tener fin.

La violencia crece cada día y es inimaginable hasta donde pueda llegar. Hay éxodo de mexicanos hacia otras latitudes, hay fuga de capitales, hay recesión; la vida nocturna está llegando a su fin, la gente ya no sale a las calles, vive con temor, con miedo, con aprensión. ¿Es esto vida?

En fin, locuras mías.

No cerraré este post diciendo lo que está de más decir.

Solo diré una cosa: Es necesario que lo que no hicimos antes, lo hagamos ahora.

¡Pero ya!



Tags: México, violencia, corrupción, inseguridad

Publicado por OswaldoLilly @ 19:08
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