Vale.
Hay gente que se horroriza si ve una
rata, pero Bart
Weetjens sonríe.
Este
diseñador belga de productos concibió un modo para que estos roedores, tan a
menudo injuriados, ayuden a resolver un problema global: cómo localizar minas
terrestres, 60 millones de las cuales permanecen enterradas en 69 países.
Es habitual
emplear perros que, con ayuda de su olfato, las encuentran, “pero yo sabía que
las ratas eran más fáciles de entrenar”, dice Weetjens, quien de niño las
criaba.
Las ratas
además son ligeras, por lo que no detonan las minas que encuentran; se
mantienen saludables en zonas tropicales, donde hay numerosos explosivos
enterrados; y es barato criarlas y reproducirlas.
A finales
de los noventa, Weetjens eligió a la rata marsupial gigante africana, debido a
su muy sensible nariz, para entrenamiento pavloviano: si rascaban la tierra
cuando olían TNT, recibían una recompensa.
Más de 30
ratas olfateadoras entrenadas, alias HeroRATS, han comenzado a barrer campos
minados en Mozambique, donde ya limpiaron casi 600,000 metros cuadrados.
Weetjens
también entrena ratas para rastrear tuberculosis en la saliva humana, y está
desarrollando nuevas misiones, como encontrar a víctimas de terremotos
sepultadas entre los escombros.
Vidas
salvadas, salud mejorada, minas desactivadas, nada de qué horrorizarse.
National Geographic.