Convertida en objeto de permanente
controversia e
innegable atractivo, la candidata republicana a la vicepresidencia, Sarah
Palin, atizaba ayer la polémica tras conocerse que el Partido Republicano ha
gastado más de 150 mil dólares en su vestuario, maquillaje y peluquería,
mientras acusa a Barack Obama de ser un “socialista” y protagoniza su papel
como campeona de la clase trabajadora y media.
Según
revelaciones de la revista Politico, el lujoso vestuario de la gobernadora de
Alaska ha salido de las arcas del partido que no ha reparado en gastos con el
fin de favorecer la imagen de Sarah Palin.
Un detalle
que ha escandalizado a los contribuyentes y donantes por considerar que el
vestuario, adquirido en algunas de las más exclusivas tiendas de moda y diseño
como Saks Fifth Avenue y Neiman Marcus, ha sido utilizado por Palin mientras
habla de la crisis económica que castiga a la clase media.
“Todo
parece indicar que los contribuyentes han apoquinado para comprar el lápiz
labial de la pitbull”, sentenciaron ayer las contertulias que participan en el
programa de la cadena ABC The View que conduce la veterana periodista, Barbara
Walters, en alusión al mote que la propia Sarah Palin ha utilizado para
presentarse a sí misma como un “pitbull con lápiz labial”.
En medio
del escándalo, la portavoz de la campaña, Tracy Schmitt, aseguró ayer que “está
previsto que la ropa (de Palin) sea cedida a una organización caritativa
después de las elecciones” del 4 de noviembre, en un fútil intento por acallar
las críticas que le llueven desde distintos frentes.
El empeño
por sacar partido a la imagen “sexy” de Sarah Palin, con un vestuario de marca
y con faldas que dejan asomar una generosa porción de sus piernas —a pesar de
ser recordada por algunas de sus viejas conocidas en la localidad de Wasilla,
como Anne Kilkenny, que la describe como una “mujer de ideas y costumbres
puritanas”—, ha conseguido aumentar su atractivo político hasta convertirla en
una temible “demagoga con faldas”, según la descripción de la columnista de The
Huffington Post, Susie Hoeller.
El
escándalo por el lujoso vestuario de Sarah Palin estalló el mismo día en que la
agencia Associated Press difundía un reporte, según el cual, la gobernadora de
Alaska ha distraído recursos del erario público para que sus hijas viajaran con
ella, incluso a eventos a los que no estaban invitadas, y después modificó los
informes de gastos para especificar que eran viajes con fines oficiales.
Los pagos
realizados con dinero del contribuyente incluyen los costos de hotel y viajes
comerciales para que sus tres hijas la acompañaran a ver a su esposo, Todd
Palin, en una carrera de vehículos de nieve, y un viaje a Nueva York donde la
gobernadora asistió a una conferencia de cinco horas y decidió quedarse cinco
días y cuatro noches en un hotel de lujo con su hija Bristol de 17 años.
Pregunta:
¿De qué le sirve a la Palin
atacar al adversario político si ella no obra conforme a lo que dice?
Este circo no es otra qusa que más de lo
mismo, y se da también en EEUU, en donde las mentiras a veces suelen ser tan grandes como un
elefante.
Ya lo dijo Noam Chomski: Elefantes, elefantes… mucho facha es lo que hay.
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