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Uno sabe que
las cosas están verdaderamente mal cuando empiezan a
despedir a las “conejitas” de Playboy, las encueratrices tienen cada vez menos
clientes en los antros, las escorts ofrecen descuentos, la FBI investiga a los
“caballeros” de las grandes empresas financieras, antes tan “respetados” y
ahora acusados de ser bandidos borrachos, uno de los gurús del capitalismo
desregulado confiesa que “no funciona”, y el jefe del FMI está envuelto en un
escándalo por sus aventuras románticas en medio del peor desastre financiero
desde la Gran
Depresión.
Por ahora es el fin de la fiesta.
Los costos de la crisis financiera de Wall Street ya
se manifiestan en las calles de las ciudades, pueblos y campos de este país,
cada día con avisos de recortes de empleos y reducción de la demanda y el
consumo, y el aumento de la deuda a nivel federal, estatal y personal.
Hoy Alan Greenspan, el ex presidente de la Reserva Federal
considerado gurú del sistema financiero, tuvo que admitir: “cometí un error en
suponer que los intereses propios de las organizaciones, específicamente bancos
y otros, eran tales que eran los más capaces para proteger a sus accionistas y
sus intereses en las empresas”, y dijo que en su ideología de libre mercado “he
encontrado una falla. No sé qué tan significativa o permanente es, pero he
estado muy angustiado por ese hecho”, afirmó en una audiencia ante el Congreso
en torno a la crisis.
Durante casi dos décadas (hasta 2006), Greenspan
controló el banco central de Estados Unidos, desde donde promovió la
desregulación. El representante federal demócrata Henry Waxman le preguntó hoy
a Greenspan si “no funciona su ideología” del libre mercado, a lo cual
respondió: “absolutamente, precisamente. Ésa es precisamente la razón por la
cual me sorprendí, porque por unos 40 años o más yo trabajé con evidencias
considerables de que sí funcionaba excepcionalmente bien”.
Ese “error” de confiar en las virtudes del “libre
mercado”, que cometiera Greenspan y buena parte de la cúpula política y
económica de este país tiene cada día costos más desastrosos.
Hoy General Motors y Chrysler anunciaron que cesarán a
más trabajadores, sobre los miles que ya han liquidado, y en estos últimos días
la farmacéutica Merck anunció que eliminará 7 mil 200 empleos, 12 por ciento de
su nómina. Yahoo anunció un recorte de por lo menos 10 por ciento de sus
trabajadores. Xerox, unos 3 mil, junto con una larga fila de empresas que están
haciendo lo mismo. Todo esto es adicional a las cifras de desempleo ya
registradas. Según cálculos del Instituto de Políticas Económicas, con base en
cifras oficiales, el número de desempleados se ha incrementado en 2.2 millones
a lo largo del último año, llegando en septiembre a 9.5 millones en total, el
número más elevado en 15 años.
La propia industria financiera podría llegar a
despedir un total de 200 mil, reportó la agencia Ap (110 mil ya se han perdido
hasta la fecha). Goldman Sachs, uno de los bancos de inversiones de mayor
prestigio, anunció hoy que cesará a unos 3 mil 200 empleados.
Por otro lado, el número de juicios hipotecarios se ha
incrementado 21 por ciento, comparado con un año atrás, y algunos calculan que
un promedio de 10 mil hogares se suman cada semana. Es por ello que uno de los
eventos anuales más aburridos en general se convirtió casi en nota roja este
año. Esta semana, en la convención de la Asociación de Banqueros Hipotecarios, celebrada
en San Francisco, alguien intentó hacer un “arresto ciudadano” de Karl Rove (el
estratega político de George W. Bush), llegando al podio y acusándolo de
“traición”. Otra mesa fue interrumpida por manifestantes que demandaron una
moratoria de juicios hipotecarios, y en las entradas al encuentro se coreaban
consignas contra los banqueros.
Este fin de semana, por lo menos dos manifestaciones,
una en Wall Street y otra en Baltimore, han sido convocadas para denunciar el
rescate financiero de los bancos y demandar apoyo financiero y suspensión de
juicios hipotecarios para las familias afectadas por esta crisis.
La ira popular y el juego político sobre cómo
responder a todo esto ha obligado a que se anuncie una serie de investigaciones
de la FBI sobre
el manejo de algunas de las empresas que están en el centro de la crisis, como
Lehman Brothers y las gigantescas hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Pero
estos esfuerzos se ampliarán a otras, y la tarea es tan grande que la FBI tendrá que duplicar el
número de agentes que trabajan en “delitos financieros”.
A la vez, los ejecutivos de AIG, la aseguradora más
grande del país, rescatada por 85 mil millones de dólares por el gobierno
federal, ahora están bajo investigación por el procurador general del estado de
Nueva York, lo cual ha obligado a que la empresa suspenda pagos de un fondo de
bonos para ejecutivos de 600 millones, como también un pago de 19 millones que
estaba por entregar a su ex ejecutivo en jefe.
El procurador general estatal, Andrew Cuomo, denunció
la idea de pagar bonos a ejecutivos que llevaron casi a la bancarrota a la
empresa. Hace un par de semanas, esta empresa provocó un escándalo cuando se
divulgó que gastó cientos de miles de dólares en vacaciones en hoteles de lujo
para decenas de sus ejecutivos después de ser rescatada con fondos públicos.
Y mientras esta crisis se extiende por el país y el
mundo, y todos hablan de una “recesión global”, el Fondo Monetario
Internacional intenta responder a lo que ha llamado “la crisis financiera más
grave desde la Gran
Depresión”. Pero justo en este momento estalló otra crisis:
la revelación de que Dominique Strauss-Kahn, el director gerente del FMI, está
bajo investigación interna para ver si abusó de su poder en beneficio de una
amante que trabajaba con él y quien renunció en agosto. Aparentemente, el
affair –entre Strauss-Kahn y Piroska Nagy, alta funcionaria en el departamento
sobre África del fondo–, amenaza la confiabilidad en su manejo del organismo
multilateral.
Así, entre gurús del “libre mercado” confesando que
tal vez no funciona, los antiguos “maestros del universo” (los ejecutivos de
Wall Street) bajo investigación, banqueros bajo sitio en sus convenciones, un
presidente que tiene el nivel de aprobación más bajo de la historia, millones
pagan ya los costos de la crisis, y muchos analistas dicen que esto apenas
empieza.
Hasta las “conejitas” de Playboy están esperando ver
cuántas perderán su chamba con esa empresa por reducir de manera masiva sus
oficinas en Los Ángeles y Nueva York, según algunas versiones de los medios. Y
según algunos informes, los antros para “caballeros” en Nueva York están cada
vez más vacíos, con las encueratrices bailando para menos clientes que pagan
menos.
Ya se apagó la música, ya se fueron las mujeres, ya no hay pachangas todo pagado. Se acabó la fiesta.
La Jornada.
Tags: crisis EEUU