En estos días se armó la grande en Inglaterra debido a las
declaraciones vertidas por Andy Burnham al Daily
Telegraph. Este señor es nada menos que el Ministro de Cultura de aquella
nación.
Burnham estaba pensando, cuando habló, en establecer un cierto sistema de “clasificación“ de las páginas web de habla inglesa; o sea que entonces en Inglaterra los usuarios de internet tendrían que “optar”, como en el cine, y según el grado de contenidos de las páginas al hacer sus clics.
En otras palabras, a las páginas web se les asignaría un color, por así decir, y entonces habría desde las muy blancas, que supongo serán las infantiles, hasta las muy rojas para adultos, pasando por las rosas, las verdes, las moradas, las amarillas, y vaya usted a saber cuántos colores más,
En los círculos tecnológicos del Reino Unido, como es lógico, se ha armado la gorda porque el funcionario también dijo que internet es un lugar "peligroso" que no debe escapar al control del gobierno, e incluso habló de trabajar con la administración de Barack Obama para crear una regulación de este tipo para todos los sitios web de habla inglesa.
Digamos que la entrevista de Burnham ha hecho explosión en los diversos medios de la red, pues en muchos blogs y foros británicos y de otras latitudes se ha criticado duramente la iniciativa porque atenta contra la “libertad” de la web. No obstante, para muchos usuarios experimentados, el asunto no es otra cosa que un intento más del gobierno por implantar la censura en la red de redes más grande del mundo.
Ahora bien, difícil es imaginar cómo podría ser llevada a la práctica una medida semejante de “clasificación”. Uno supone que, para empezar, se requerirá de miles de personas de tiempo completo tan solo para supervisar los contenidos de todas las páginas de habla inglesa que existen hasta hoy.
Por otro lado los trabajadores, con base en criterios clasificatorios tan polémicos como los del cine, —donde siempre interviene la subjetividad y el prejuicio del clasificador —, tendrían que asignar una tipificación a cada página tan sólo para volver a empezar, pues miles de sitios se abren en Internet cada minuto. Sería el cuento de nunca acabar.
La internet es un territorio libre y abierto para el mundo, ya lo sabemos. Y allí puede encontrarse información de todo género (la buena, la mala, la regular, la perversa, la absurda, la peor, —y esto que digo ya es subjetivo, xD—).
En este tiempo de cambios, todas las edades, todos los géneros, todos los gustos, todos los sexos, todas las mentalidades, abrevan en Internet, y seguirán abrevando ahí para bien o para mal. Y esto nadie podrá pararlo, aunque lo intenten. Ni siquiera la censura. Algo pasará si se insiste en censurar las libertades.
La pregunta entonces es: ¿Hasta dónde es trabajo de los gobiernos “cuidar” los contenidos de la web, censurando a la web, y hasta dónde es responsabilidad de los usuarios, o de los padres, vigilar su uso?
Lo digo porque Burnham ha hablado de “clasificar” las paginas como en el cine, pero hay algo de lo que Burnham se ha olvidado: ¿Qué pasará con los chat y las redes sociales?. ¿Qué clasificación se les pondrá? Porque a simple vista, estos sitios pintan para el blanco, o hasta para el rosa, el verde o el morado. Pero sabido es que son más riesgosos de lo que parecen.
A través del chat y de las redes sociales se pergeñan cada día actos de violencia, daño moral, violaciones, quebranto sicológico… y también las mayores perversiones que uno pueda imaginar. Estos son los sitios donde los jóvenes —y no tan jóvenes—, abrevan cada día. ¿Cómo podrían controlarse con el criterio de Burnham?
El señor Burnham no la tiene fácil, por supuesto que no. Y tampoco la tendrá fácil ningún otro censor que quiera candadear la web. No digo que no se deba hacer algo, o que no sea necesario. Lo que digo es que aunque se establezca el arcoiris en los sites, finalmente seguirán siendo los usuarios, y espero que también los padres, los que decidan en dónde abrevar.
Señoras y
Señores: En este mundo existen muchos ejemplos que nos dan una visión muy clara
de a donde conducen las prohibiciones cuando son mal enfocadas.
Y hay de abrevaderos a abrevaderos.
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