lunes, 26 de enero de 2009

La teleportación es una de las más asombrosas predicciones de la física cuántica: es el transporte de algo sin que pase por ningún medio físico, ni siquiera por el espacio. Tan asombrosa, que fue usada por Einstein para demostrar que algo andaba mal en esa nueva ciencia. Con Podolsky y Rosen diseñó un experimento por entonces irrealizable, se le llamó Paradoja EPR, por las iniciales de los tres.

En resumen decía: la cuántica plantea un absurdo, y es éste: si produzco dos protones y los lanzo en direcciones diversas, me basta con modificar uno para que el otro resulte al instante modificado, aunque esté al otro lado de la galaxia… Suena ridículo, pero eso se deriva de las matemáticas del átomo propuestas por Erwin Schrödinger. Por lo tanto, son inconsistentes.

Eso, firmado por Einstein, fue un golpazo. Luego resultó que, paradójico es, pero así se comporta la naturaleza, fue la respuesta cuando Alain Aspect logró hacer realidad el experimento EPR. Lo hizo con fotones, la unidad o quantum de luz, en 1984. Propuesto para demostrar que la cuántica era falsa, demostró la teleportación, que es el transporte sin pasar por ningún medio.

Este viernes pasado, la revista Science trajo el reporte de la primera teleportación exitosa de información entre dos átomos; lo firma un equipo del Joint Quantum Institute (JQI) de la Universidad de Maryland y de la Universidad de Míchigan. “Nuestro sistema puede crear las bases de un ‘repetidor cuántico’ que puede enlazar memorias a vastas distancias”, dice la cabeza del grupo, Christopher Monroe, del JQI. Con el mismo método, añade, se puede crear el componente clave necesitado para la computación cuántica.

La teleportación, explica el equipo, funciona debido a un notable fenómeno cuántico, es decir, del tipo que sólo ocurre en el nivel subatómico y para los que muchas veces no tenemos ni siquiera imágenes mentales. Ese fenómeno es el “enlace” (entanglement): Si dos partículas subatómicas están enlazadas, sus propiedades están inextricablemente espejeadas. La medición en una de las partículas determina al instante las características de la otra, sin importan cuán separadas estén.

El equipo empleó otro aspecto de la cuántica, la superposición de estados, igualmente inexistente en nuestro mundo clásico. Si la ejemplificamos con una moneda, que puede caer águila o sello, la superposición sería que cayera águila y sello, juntos y al mismo tiempo. Bien, es lo que explota la computación cuántica: si un bit de información consiste en cero o uno (hay corriente o no hay en el puerto de un transistor), el qubit es a la vez cero y uno. Y el lenguaje binario de las computadoras (hileras de unos y ceros) multiplica por miles su potencia.

El equipo aisló dos iones (átomos con carga por falta o sobra de electrones) de iterbio (Yb: uno de los elementos llamados tierras raras) en trampas al alto vacío, suspendidas en una caja invisible de campos electromagnéticos. Llamémosle estado de reposo. Luego irradiaron uno de los átomos, con lo que entró en superposición de estados y necesitamos inventar una palabra: reposoactivo. Ésa, la recién adquirida superposición, fue la información que luego teleportó el equipo científico al otro átomo.

La combinación de átomos y fotones empleada por el equipo ofrece la arquitectura para transmitir información a mucho mayores distancias que cuando se emplean únicamente fotones (luz). La luz viaja a la mayor velocidad posible en el universo. Pero la teleportación no viaja: no emplea el espacio… ¡gulp!

 

Milenio.com



Tags: teleportación, átomos, materia

Publicado por OswaldoLilly @ 2:17
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Publicado por Visitante
lunes, 26 de enero de 2009 | 2:30
gulp!!!!