O este pájaro ha
volado (This Bird Has Flown)… es el título de la antiquísima rola de John
Lennon.
Pero no vamos a hablar de la rola; solo la pongo como fondo por todo lo que representa la música en una inspiración, en una inspiración que puede
ser cualquier cosa nimia o sin importancia de nuestra vida cotidiana que podría tener
su lado oscuro sin que siquiera lo sepamos.
Así es como se inspira de repente Toru Watanabe en el momento
de su aterrizaje, escuchando Norwegian
Woods, o This Bird Has Flown, porque el sonido mezclado de guitarras y voces
le hace retroceder a su añorada juventud, al turbulento Tokio de finales de los
sesenta, cuando vivió las turbulencias del amor, turbulencias que estoy seguro que cualquiera de nosotros ha vivido también en
algún momento de su vida.
Es de este modo como lo cuenta Haruki Murakami en Tokio Blues (o Norwegian Woods, su
título original), digamos que el primer gran best-seller del talentosísimo escritor japonés. Y de ahí que
haya puesto mejor el vídeo de Norwegian
Woods de Los Beatles, y no una foto alusiva al libro, digo, por si el azar de la
inspiración nos llegase de repente al escuchar las notas y descubrimos, de
repente, el lado oscuro de alguna cosa nimia como escuchar una vieja canción.
Pero lo cierto es que no hablaré del libro Tokio Blues, pues ya está dicho todo sobre él en cualquier página de libros. Solo decir algo especial
que yo he notado en la prosa de Murakami
(eso suena bastante snob, por Dios); es decir, en el hecho evidentísimo de que la
música y las cosas nimias, con su inseparable lado oscuro, juegan un papel importantísimo en sus libros, al menos en los que he
leído hasta ahora.
Y esto por supuesto no podía dejar de ser así en “Sauce ciego, mujer dormida”, un libro
que contiene 24 extraños relatos en los que Murakami introduce magistralmente esos elementos
fantásticos y oníricos, pero donde también la música y los detalles nimios están presentes. Hay en él, por cierto, un
relato que es especial. Se titula “Viajero
por azar”. Pego aquí un breve fragmento.
"... Si tuviera la ocasión de pedirle a Tommy Flanagan
que tocara dos melodías más, ¿cuáles elegiría?" Tras pasarme un rato
dándole vueltas al asunto, opté por Barbados
y Star-Crossed Lovers. La primera es
de Charlie Parker; la segunda, de Duke Ellington. Hay algo que quiero aclarar
para los que no sean muy entendidos en jazz y es que ninguna de las dos son
melodías muy conocidas. La primera se puede escuchar a veces, aunque es una de
las obras más discretas que dejó Charlie Parker, y, en cuanto a la segunda,
creo que la mayoría de la gente diría: "ésa, yo no la he oído en mi
vida"... ... Por lo tanto, me hubiera parecido un sueño que las
interpretara entonces ante mis ojos. Yo mantenía la vista clavada en él
imaginando cómo bajaba del escenario, se dirigía directamente a mi mesa y me
decía: "Hace rato que tengo la sensación de que quieres pedirme que toque
algo, así que pídeme dos melodías". Por supuesto, las perspectivas de que
mis sueños se hicieran realidad eran nulas. Sin embargo, Flanagan, al final de
la actuación, sin decir una palabra, sin lanzar una mirada hacia mí, ¡interpretó las dos melodías, una detrás de la otra!. Primero la balada, Star-Crossed Lovers; luego una versión
de Barbados. Con la copa de vino en
la mano, me quedé sin palabras..."
Vale.
PD- Si te apetece descargar el libro Tokio Blues, de Haruki Murakami, aquí está.
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De antemano se agraceden tus comentarios.
Tags: Haruki Murakami, The Beatles, Tokio Blues