Bueno, primero la nota:
Cleopatra, la última
reina de Egipto, era mitad africana, según asegura un equipo de arqueólogos
que participó en un documental de la
BBC que cree haber hallado la tumba de su hermana.
Cleopatra, conocida por su belleza, era descendiente de
Ptolomeo, el general macedonio que gobernó Egipto tras Alejandro Magno. Pero
los restos de la hermana de la reina, la princesa Arsínoe encontrados en Éfeso,
Turquía, indican que su madre tenía un esqueleto "africano".
El descubrimiento, descrito por los investigadores como
"sensacional", fue realizado por Hilke Thuer, de la Academia Austriaca
de las Ciencias.
"Es único en la vida de un arqueólogo encontrar la
tumba y el esqueleto de un miembro de la dinastía Ptolemaica". "El
hecho de que Arsínoe tuviera una madre africana es sensacional y nos aporta una
nueva visión sobre la familia de Cleopatra".
Ambas vivieron en un periodo turbulento, mientras el imperio
romano se estaba apoderando del Mediterráneo. Cleopatra estableció alianzas con
el emperador romano Julio César y, tras el asesinato de éste, con su
colaborador, el general Marco Antonio, con quien se casó.
"Los tres son iconos de la historia", señaló el
arqueólogo Neil Oliver, quien presenta el documental de la BBC en el que se da a conocer
el hallazgo.
"Resulta difícil recordar que eran personas reales y no
las figuras semi míticas interpretadas por Richard Burton y Elizabeth Taylor.
Fue difícil enfrentarse a ellos como seres humanos", señaló Oliver.
"Mientras estaba en el laboratorio manipulando los
huesos de la hermana de Cleopatra, consciente de que en su vida había conocido
a la reina e incluso a Marco Antonio y Julio César, se me puso la piel de
gallina".
Según los historiadores, existía una gran rivalidad entre
las dos hermanas e incluso afirman que Cleopatra ordenó asesinar a Arsínoe.
BBC Mundo
El comentario:
Dejo aquí un texto en el que sobresale la prosa del
historiador romano Plutarco:
Tras sepultar a Antonio, Cleopatra decide morir. Las heridas que se hizo en el pecho ante el cuerpo moribundo se habían infectado. La fiebre y la privación voluntara de alimentos la estaban consumiendo. Octavio la amenazó con la muerte de sus hijos si persistía en su actitud. No podía consentir que la reina muriera. Tenía que desfilar en su triunfo. Cleopatra cedió y volvió a alimentarse. Sin embargo, Octavio quiso asegurarse personalmente y la visitó. Dión Casio acusó a la reina de que intentó seducirlo; por el contrario, Plutarco, nos narra el estado lastimoso en que se encontraba y cómo consiguió hacerle creer que deseaba vivir recurriendo a la piedad:
Daba esto gran placer a César, por creer que Cleopatra deseaba vivir; diciéndole que sería tratada en todo decorosamente, más de cuanto ella pudiera esperar, se retiró contento, pensando ser engañador, cuando realmente era engañado.
Por Dolabela se enteró Cleopatra que marcharía, junto a sus hijos, hacia Roma dentro de tres días. Consiguió entonces de Octavio que le permitiera celebrar las exequias de Antonio. Plutarco recogió a través de Olimpo, médico de la reina, las palabras de la reina ante el sepulcro de Antonio:
Amado Antonio, te sepulté poco ha con manos libres, pero ahora te hago estas libaciones siendo sierva, y observada con guardias para que no lastime con lloros y lamentos este cuerpo esclavo, que quieren reservar para el triunfo que contra ti ha de celebrarse. No esperes ya otros honores que estas exequias, a lo menos de Cleopatra. Vivos, nada hubo que nos separara, pero en la muerte, parece que quieren que cambiemos de lugares; tu, romano, quedando aquí sepultado, y yo, infeliz de mí, en Italia, participando sólo en esto de tu patria; pero si es alguno el poder de los dioses de ella, ya que los de aquí nos han traicionado, no abandones viva a tu mujer, ni mires con indiferencia que triunfen de ti en esta miserable, sino antes ocúltame y sepúltame aquí contigo, pues que con verme agobiada de millares de males, ninguno es para mí tan grande y tan terrible como este corto tiempo en que he vivido sin ti.
Luego se hizo bañar, maquillar y vestir como reina por sus dos fieles servidoras, Iras y Carmión. A continuación envió una carta a Octavio en la que pedía que su cuerpo fuese sepultado junto al de Antonio. Cuando Octavio abrió la carta, sospechó que la reina iba a quitarse la vida. Rápidamente, envió emisarios para evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Los esbirros abrieron las puertas y...
Vieron ya a Cleopatra muerta en un lecho de oro, regiamente adornada. De las dos siervas, la que se llamaba Iras, estaba muerta a sus pies, y Carmión, ya vacilante y torpe, le estaba poniendo bien la diadema que tenía en la cabeza. Díjole uno con enfado: "Bellamente, Carmión", y ella respondió: "Bellísimamente, y como convenía a quien era de tantos reyes descendientes", y sin hablar más palabras, cayó también muerta junto al lecho. (Plutarco)
Encontraron dos tenues punzadas en un brazo de Cleopatra, lo que hizo pensar que se había dejado morder por un áspid. Alguien dijo que un campesino había traído una cesta llena de higos en la que se ocultaba el reptil. Octavio se resistía a perder la presa que reservaba para su triunfo. Hizo que algunos psilos, (hombres de los que se creía que su cuerpo era un antídoto contra el veneno de las serpientes) chupasen el veneno de la herida. (Suetonio)
Cleopatra murió el 12 de agosto del año 30 a. de C., a los treinta y nueve años. Había escogido el único camino digno que le quedaba: la muerte. No quiso sufrir el destino de su hermana Arsinoe, quien desfiló en el triunfo de Julio César. Se dice que Octavio, a pesar de su cólera, no pudo menos que admirar su grandeza de alma y ordenó que su cuerpo fuera enterrado junto al de Antonio. Pero si César tuvo la grandeza de levantar las estatuas derribadas de Pompeyo, Antonio no tuvo la suerte de éste. Sus estatuas fueron derribadas para siempre. Se dice que Octavio dejó intactas las de Cleopatra, a cambio de mil talentos, una fuerte suma de dinero que entregó Arquibio, un fiel amigo de la reina, pero lo cierto es que es dudoso que el vencedor cumpliera su palabra, ya que se conservan pocas estatuas.
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