
No sé ustedes, pero yo no puedo comprender por qué una joven mujer, con apenas 28 años, en la cima del éxito, bella y triunfadora, de repente se quita la vida así sin más.
Ya sé, y trato al menos de ser consciente de los problemas que pudo tener, e incluso hasta podría decir que quizá fueron tremendos problemones los que enfrentó sin solución aparente. Tal vez veía el mundo oscuro y cerrado, un mundo de tinieblas ante ella... y no conoció la esperanza.
Aún así, no me cabe en la cabeza una decisión tan fatal.
En fin. Lo que quiero decir es que estoy en contra del suicidio. Nada es para siempre, lo sé, pero la vida que tenemos, esta vida por la cual aparecimos en el mundo y estamos en el mundo sin tener conciencia del por qué, es porque en realidad existe un propósito que a veces no alcanzamos a ver.
No es posible que, aún sin entender tal propósito, alguien vaya y se quite la vida como lo hizo ayer esta chica inglesa Lucy Gordon. Repito: me es incomprensible.
Lucy, nunca te conocí; tan solo te vi en películas. Pero no importa.
No sé lo que te habrá orillado a tomar la decisión fatal, (cuánto lo lamento), pero quiero decirte que desde aquí donde estoy, Lucy, elevo una oración a Dios por el descanso de tu alma.
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